La homeopatía entiende que la realidad de la vida solo puede comprenderse cuando la miramos desde un punto de vista global, integrado, en donde las partes forman un todo indisoluble.  

El ejercicio de separar cada parte de la totalidad para estudiarla solo sirve para concentrar la atención en un punto y optimizar su análisis, pero si no somos capaces de pasar de ahí a una visión sintética de la realidad, en la que todas sus partes se unifican de nuevo, quedamos irremediablemente perdidos en la incomprensión de la naturaleza real del fenómeno. 

Esto es algo que la homeopatía siempre a comprendido así: el ser humano es una realidad indisoluble de mente, emociones, biología y entorno vital. Solo podemos entender su sufrimiento y su proceso de enfermar si lo observamos y  atendemos desde su globalidad. 

Hoy quiero centrarme en un aspecto muy particular de cada uno de nosotros y que, desde los «ojos de la homeopatía», puede llegar a tener un destacado valor a la hora de elegir el mejor medicamento homeopático para cada persona. Hoy quiero hablaros de las constituciones homeopáticas.

La constitución física

También conocida como el somatotipo, hace referencia a nuestra conformación corporal; cómo somos físicamente. 

En este sentido, hay diferentes clasificaciones, según autores, que se han ido desarrollando a lo largo del tiempo. Cada una de ellas se apoya en unos aspectos de la morfología más que en otros y, así, definen unas realidades físicas concretas. El tipo ectomórfo, mesomorfo y endomorfo o las constituciones pícnicas, atléticas, asténicas y displásicas, son algunos ejemplos de estos intentos de clasificación. 

Las constituciones homeopáticas

Como no podía haber sido de otra manera, para los médicos homeópatas el morfotipo de cada persona también fue un aspecto que valoraron y estudiaron. 

Y así, fueron el Dr Antoine Nebel (1870-1954) y el Dr León Vannier (1880-1963) quienes definieron las 3 constituciones homeopáticas relacionándolas con tres de las sales que conforman nuestro esqueleto: 

Más tarde, el Dr Henri Bernard (1895-1980), propondrá una cuarta constitución que complementa perfectamente, a mi modo de ver, a las otras tres anteriores; la constitución sulfúrica, relacionada con el azufre (Sulphur). 

Aunque podemos encontrar personas con una constitución pura, lo más habitual es observar constituciones mixtas en donde vemos características de dos o tres de las constituciones, con una de ellas como la predominante. 

Lo interesante del estudio de las constituciones es que cada biotipo constitucional va a estar relacionado con unas características fisiológicas, unas tendencias patológicas y unos aspectos mentales, emocionales y comportamentales propios.

Constitución carbónica

Morfología. 

La estructura del carbónico es sólida, maciza. Predomina el eje horizontal frente al vertical; proporcionalmente, más ancho que alto. Brevilíneo. 

Huesos, músculos y tendones fuertes pero más bien rígidos, poco elásticos. La extensión de su codo no suele llegar a la horizontal. 

Manos anchas y dedos cortos. 

Mandíbula ancha, dientes cuadrados y bien alineados. 

Comportamiento

Su tendencia a la rigidez también se muestra en sus aspectos emocionales y comportamentales. 

De movimientos lentos y pesados, suelen ser personas racionales, lógicas y metódicas. Ordenados y disciplinados; disfrutan de las rutinas. Pueden llegar a ser testarudos. 

La tranquilidad y la seguridad son muy apreciadas. Más, incluso, que la afectividad. 

Es trabajador y muy constante. Su lema podría ser: «Lento pero seguro«.  

Le gusta materializar, construir cosas concretas. Suelen ser buenos trabajadores manuales. 

Temperamento calmado, amable, con poca tendencia a la cólera. 

En general, sedentarios. Son más mentales que físicos. Suelen tener una buena memoria y mucha capacidad para el trabajo intelectual a condición de que puedan hacerlo a su ritmo. 

Les gusta comer, disfrutan mucho de la comida. 

El bebé es rechoncho, rollizo, tranquilo y comilón. 

Suelen ser frioleros, aunque pueden, a la vez, tolerar mal el calor. 

Tendencias patológicas

En coherencia con su tendencia natural, su metabolismo también suele ser lento. Así, estarán especialmente predispuestos a la obesidad y a enfermedades por sobrecarga metabólica como diabetes, piedras de riñón y vesícula o gota. 

Su tendencia a la rigidez se traducirá en su predisposición a problemas reumáticos, arterioesclerosis e hipertensión. 

Lesiones constructivas tipo verrugas, condilomas y pólipos también son frecuentes en los carbónicos. 

Eccemas con tendencia a cronificarse y el estreñimiento, también son frecuentes. 

Constitución fosfórica. 

Morfología

Representa la tendencia contraria al carbonismo; el predominio de lo largo frente a lo ancho. 

Altos y esbeltos, de extremidades largas. Manos estrechas y dedos largos. 

Frente a la cara más cuadrada del carbónico, su cara es más afilada, al igual que sus dientes

Comportamiento

Si el carbónico es una persona mental, el fosfórico es, fundamentalmente, emocional. Cálidos, afectuosos y empáticos. Les encanta conocer gente y relacionarse. 

Expresivos y vitales, de gestos rápidos y vivos. 

Tienden a ser muy ciclotímicos; pasan de la excitación al agotamiento muy rápido. Así como brillan, se apagan. 

Creativos, imaginativos, muy afectivos y emocionales, entusiastas hasta el agotamiento y muy miedosos. 

Son muy curiosos e inteligentes y les gusta mucho aprender y conocer cosas nuevas.  

Espontáneos y poco amigos de las rutinas y la disciplina, aunque si algo les interesa pueden mantener su atención hasta el agotamiento. Si no es así, si no es de su interés, se refugiarán en su «mundo de sueños y fantasía».

Tendencias patológicas. 

Si el carbónico era tendente a acumular, el fosfórico será todo lo contrario. Su tendencia es a adelgazar y a desmineralizarse.  

Tienen una marcada predisposición a las alergias, a todos los niveles. 

Su debilidad inmunológica les predispone, sobre todo en la infancia, a sufrir cuadros infecciosos de repetición, fundamentalmente a nivel respiratorio. 

Tenderán a desequilibrarse en los periodos de crecimiento, que suelen ser rápidos e intensos. En esos momentos son frecuentes los dolores óseos y articulares y las crisis agudas de procesos infecciosos. 

Su tendencia a la desmineralización también les predispone a problemas de espalda (escoliosis, hiperlordosis) y a caries dentales. 

Su hipersensibilidad emocional les convierte en grandes somatizadores, sobre todo en los niños y adolescentes. En este contexto, es fácil entender su predisposición al sonambulismo, enuresis, los problemas de sueño y las crisis emocionales. 

El acné es frecuente entre los adolescentes.

Constitución fluórica

Morfología. 

Si el carbónico es más bien cuadrado y el fosfórico longilíneo, lo que caracteriza al fluórico es la asimetría. En general, de talla pequeña y más bien delgados. 

Esta asimetría puede expresarse a cualquier nivel; piernas arqueadas, escoliosis severas, esternón desplazado o hundido, dientes con implantación irregular, incluso, rasgos de la cara inarmónicos. 

Tienen tendencia a la hiperlaxitud ligamentosa, lo que se manifiesta en una hiperextensión de las articulaciones. Lo contrario que el carbónico.

Comportamiento

La disarmonía también marca su carácter. 

Son indecisos, desordenados, agitados, caóticos. Pueden tener reacciones desproporcionadas y violentas. Emocionalmente muy inestables e impredecibles.

Enemigos de la disciplina, el orden y las obligaciones. Solo se interesan por lo que les pueda proporcionar placer o algún beneficio. 

Suelen dar mucha importancia a la imagen; les gusta brillar. Tiende a preocuparles más la apariencia que el fondo de las cosas y de las personas. 

Son muy de extremos. Así, pueden ser brillantes intelectualmente o tener serias dificultades.

Tendencias patológicas. 

Sus predisposiciones a enfermar serán coherentes con su tendencia a la disarmonía y la laxitud.  

Debilidad articular con esguinces y luxaciones de repetición, escoliosis severas, artrosis con importantes deformidades, malformaciones congénitas, varices severas, aneurismas vasculares o los cánceres  muy destructivos y deformantes, pueden ser algunos ejemplos que ilustran la dinámica de su naturaleza.

Constitución sulfúrica

Morfología

Si la constitución carbónica sería la brevilínea, la fosfórica la longilínea y la fluóricala  distrófica,  podríamos decir que la morfología sulfúrica correspondería a la normolínea. 

Su aspecto es armonioso y proporcionado a todos los niveles. 

Comportamiento. 

Son personas equilibradas. Dinámicas y optimistas, tienen gran confianza en sí mismas. 

Son calurosas, a diferencia de las otras tres constituciones, y toleran muy mal el calor. Siempre desean el fresco y las cosas frías.

Tendencias patológicas

Su energía y la fuerza de su sistema inmunológico hará que tiendan a hacer procesos agudos intensos. Enferman y curan rápido y eficamente. 

Son grandes eliminadores, así que podrán manifestar supuraciones, diarreas, reacciones cutáneas del tipo eccemas o urticarias y secreciones mucosas, intensas y, frecuentemente, irritantes. 

Sus reacciones de piel se caracterizan por ser muy congestivas y pruriginosas. 

Como vemos, es la constitución más resolutiva a nivel físico; elimina hacía fuera y así evita la afectación de otros órganos internos.

Medicamentos homeopáticos y constituciones. 

La homeopatía siempre contempla a cada persona en su integridad y es desde ahí desde donde indicaremos el tratamiento que consideremos más adecuado. Con esto quiero decir que no vamos a prescribir un medicamento homeopático basándonos exclusivamente en la constitución predominante en esa persona, pero sí es cierto que su morfología nos puede orientar a pensar en esos medicamentos que son más coherentes con su constitución.  

Así, algunos de los medicamentos homeopáticos, entre otros, relacionados clásicamente con cada constitución podría ser: 

  • Constitución carbónica: Calcárea carbónica, Calcárea sulfúrica, Natrum carbonicum, Kalium carbonicum, Thuja, Baryta carbónica, Graphites. 

Para mí, es precioso contar con un método, con una terapéutica, que te invite a mirar a cada persona como una realidad única e intransferible, en donde cada aspecto de su ser es un valor que te acerca a comprender su enfermedad y a cómo ayudarle de la manera más coherente con su naturaleza. 

Recuerdo, hace ya muchos años, cómo una mujer me decía justo antes de salir de nuestra primera consulta: «Doctor; me han mirado los pulmones, me han mirado el estómago, me han mirado la sangre, pero nunca nadie me había mirado a mí.» 

En fin, eso es la homeopatía.

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