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La soledad y el impacto de la conexión social en la salud de las personas


Por el Dr. José Ignacio Torres

“La soledad es como un iceberg. Percibimos la superficie, pero hay mucho más, y es de tal profundidad filogenética que no podemos verlo”

John Cacioppo

El poder curativo de la conexión humana: La prescripción social

John Cacioppo, considerado uno de los fundadores de la neurociencia social y conocido como el doctor soledad, comparó la sed y el hambre con la soledad, identificándola como una señal de advertencia necesaria con raíces bioquímicas y genéticas.

Su teoría evolutiva sobre la soledad se basa en que nuestra fortaleza está en la capacidad de comunicarnos y trabajar en común. La conexión social promovió la supervivencia de los seres humanos porque somos el único animal del planeta que se esfuerza en compartir y hemos sido capaces de desarrollar la aversión a la experiencia de estar solo.

Estamos programados genéticamente para conectar y apoyados por las respuestas corporales intermediadas por hormonas y neurotransmisores como oxitocina, dopamina, endorfinas buscamos conductas prosociales. La humanización, empieza con el sentimiento de pertenencia; y cuando compartimos un espacio promovemos un sentimiento de pertenencia mutua.

Si la soledad tiene el potencial de matar, la conexión tiene un potencial aún mayor para curar. Por eso, es preciso incluir en la cotidianidad de nuestras consultas medicamentos potentes (prescripción social) como la pertenencia a grupos sociales, la práctica de expresiones artísticas, el baile o la amistad. Disponemos de múltiples experiencias capaces de curar y salvar la vida de las personas. Es hora de repensar con el filósofo, la necesidad de prescribir más conexión social y menos Prozac.

Mi formación médica no me había preparado para reconocer el impacto de la conexión humana sobre la salud.

Vivek H. Murthy

Otro modo de ver la terapia en la consulta

En los últimos años de mi trabajo en la consulta del Centro de Salud he venido observando la importancia de los aspectos emocionales y relacionales que tan poca relevancia tienen en la formación de los médicos y que tanto reclaman y agradecen los pacientes.

La expresión verbal y no verbal de las emociones compartidas, la profunda escucha y el respeto son en mi opinión imprescindibles para poder ser un terapeuta verdadero y además forman parte desde una perspectiva científica de los elementos precisos en nuestra correcta toma de decisiones.

Cuando la distancia generada por la pandemia y una muy mejorable organización de la atención en los Centros de Salud crea conflictos y genera errores, la amabilidad puede ser el puente que salva la división entre nosotros.

La amabilidad en cada interacción con los pacientes debería ser imperativo ético y clínico y el afecto una característica intrínseca de todo médico, porque como bien decía Maya Angelou la gente olvidará lo que le dijiste, olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará como la hiciste sentir.

Desde una perspectiva holística, que es la más apropiada a la hora de buscar soluciones, se ha reflexionado sobre el papel de la amabilidad en la curación de los pacientes. En alemán existe una palabra, mitsein que significa “ser con”, como un nivel superior a la amabilidad que permite forjar una conexión. Y eso es lo que intento sentir y hacer sentir en las consultas. Estoy convencido de que mi formación como homeópata me ha ayudado mucho en la búsqueda y encuentro de la conexión.

Elementos de la terapia

Este otro modo de ver la terapia en la consulta incluye la triple perspectiva cognitiva, emocional y comunicacional, de modo que la información proceda de estos tres elementos y de una forma compartida nos permita llegar a los mejores acuerdos en la toma de decisiones sobre los problemas que nos plantean los pacientes.

La mejor manera de encontrarse a uno mismo es perderse en el servicio de los demás.

Gandhi

La importancia de la conexión social en la salud de las personas

Son muchas las experiencias que me permiten comprobar la importancia de las relaciones sociales en los relatos de los pacientes, especialmente de los que sufren ansiedad, depresión y somatización. Es preciso valorar el enorme papel de la narración en cada consulta porque cuando los seres humanos no comparten conocimiento y emociones se sienten solos.

Angustias tiene 72 años y solicita consulta porque nota dolor y sensación de adormecimiento en las manos. Después de una completa exploración física y mientras continúo tomando su mano se hace un corto silencio y rompe a llorar. No puede hacer nada por evitar que su hija continúe sufriendo malos tratos. Tiene las manos atadas, de ahí su dolor. Los pacientes nos hablan con metáforas y los médicos las debemos interpretar.

La ausencia de afecto y el sentimiento de soledad a través de la culpa, la vergüenza o el miedo que son cada día compañeros de viaje de muchos niños y adolescentes crean un sistema de alarma que persistirá en la vida adulta y será la fuente de los síntomas físicos, psíquicos y sociales. Se ha descrito la hipervigilancia de la soledad, de modo que los cerebros que se sienten solos detectan amenazas sociales con una prontitud que duplica a los que se sienten acompañados. Lo que se hereda, no es la soledad, sino el dolor por la falta de contacto. Y este dolor, tiene caras y nombres.

Del mismo modo que las heridas quirúrgicas o accidentales provocan cicatrices físicas, la soledad produce cicatrices emocionales que a menudo son difíciles de ver porque la persona tiende a ocultarlas. Sabemos que las personas con cicatrices emocionales desarrollan una especie de sensibilidad neurobiológica a la amenaza y el rechazo. El rechazo duele. Y el trabajo del médico consiste en descubrir y hacer ver al paciente la presencia de las heridas invisibles porque muchas historias de soledad se inician con un trauma experimentado en la infancia. Si construyes un niño, no tendrás que reparar a un adulto.

Esperanza tiene 35 años y consulta por múltiples síntomas somáticos de interpretación clínica difícil. Después de muchas exploraciones y pruebas complementarias normales me habla de su experiencia traumática siendo una niña. Nunca se lo había contado a nadie. Y siente un vacío en la cabeza que explica el lugar por donde se escapa el afecto.

Carlos se siente víctima de acoso laboral por su condición sexual y como consecuencia presenta un trastorno adaptativo con síntomas de ansiedad y depresión. Después de múltiples consultas parece que hay una historia de desapego con su padre. Algo que será preciso trabajar.

Noelia es una mujer joven que ha sido siempre una trabajadora incansable con un óptimo rendimiento hasta hace unos pocos unos meses. Sin conocer el motivo, han dejado de proponerle tareas y le han apartado de todos los asuntos que desempeñaba de modo excelente. No puede parar de llorar mientras escucho su relato y pongo en mis palabras los adjetivos que ha venido sintiendo hacia sus acosadores.

Todos los días me enfrento a esas heridas invisibles, todas las mañanas escucho relatos de abuso, acoso, maltrato o desamor. Siempre será preciso contar con la red social del paciente para conseguir el mejor resultado.

El acoso escolar o laboral, los abusos, el maltrato, la ausencia de los padres, situaciones desgraciadamente frecuentes y que pasan inadvertidas para todos menos para el sufriente son el origen de enfermedades que resultan complejas de tratar porque es preciso llegar hasta el fondo y está comprometida la autoestima de la persona doliente. Además, existe una intensa relación entre la vergüenza y la soledad. El sentimiento o la experiencia , intensamente dolorosos , de creer que tenemos defectos y que nos hacen indignos de que nos acepten y nos sintamos integrados está muy presente en multitud de consultas y resulta difícil de antagonizar. Ante ello, la socialización, a través del terapeuta es una forma de comienzo.

Un buen ejemplo de ello es Helen Stokes-Lampard, médico de Atención Primaria en Lichfield. Esta doctora ha estudiado la importancia de la soledad en la tasa de utilización de los servicios médicos y propone la prescripción social en vez de los fármacos, a través de los recursos y actividades de la comunidad para forjar conexiones sociales sanas, restableciendo el vínculo perdido porque los seres humanos somos esponjas sociales y al mismo tiempo que nos socializamos nos definimos a nosotros mismos.

La conexión social nos salva, restaura las heridas emocionales y nos cura, por ello tenemos la necesidad de amistarnos con nosotros mismos y con los demás, porque la mejor forma de recibir es dar; y esto, se ha comprobado desde la neurociencia. Se han estudiado sus efectos sobre los centros del estrés y de amenaza en el cerebro. Ayudar a otros hacía desaparecer eficazmente la soledad derivada de la pérdida. El propósito y significado genera una especie de estado terapéutico que aleja el foco de atención de uno mismo, lo cual puede ser un alivio. Hacer un bien, nos hace sentir bien. La risa activa la liberación de endorfinas, el baile, cantar, el ejercicio físico , el movimiento compartido son formas de terapia seguras y eficaces.

Herramientas emocionales y comunicacionales frente a la soledad

Aún recuerdo aquel día en que fui a visitar a su domicilio a Soledad, una mujer anciana de 85 años con síntomas de depresión. Vive en un modesto bajo con su esposo de 90 años y no sale de esas pequeñísimas cuatro paredes.

Nunca había ido nadie a atenderle en casa y le pareció inaudito que yo me tomara la molestia. Después de un largo tira y afloja accedió a seguir un tratamiento que años después le sigue siendo de ayuda.

Sin embargo, lo que más me marcó de esa experiencia fue comprobar la enorme distancia que a veces nos separa de los pacientes y la necesidad de acudir a sus casas porque estas visitas son capaces de crear un vínculo y una relación mucho más personal e instructiva por la información que nos proporciona de su mundo, del modo en que las personas viven.

Desde hace años las tres herramientas emocionales y comunicacionales que más me ayudan en la terapia son presencia, sintonía y humildad. Para su empleo es preciso prescindir de las prisas y los registros de la historia clínica y estar dispuesto a escuchar, ya que la escucha es la puerta del relato, de una historia que a menudo será larga y que frecuentemente es la primera vez que la persona se escucha contar.

Cuando está terminado este primer encuentro siempre les digo a los pacientes que el primer paso para la curación es pedir ayuda. Y es habitual que cuando las personas se deciden a pedir esa ayuda hayan pasado por un largo y tortuoso camino de sufrimientos inútiles.

Sagrario, una mujer de 48 años a la que no conozco solicita a través de la consulta telefónica la renovación de un tratamiento con psicofármacos pautado por un médico privado. Cuando le pregunto por sus síntomas, evolución y forma de empleo del tratamiento actual se queda sorprendida; pero aún más cuando le ofrezco mi consulta, las diversas terapias que podemos emplear y la disponibilidad de unos profesionales en la Unidad de Salud Mental con los que puede contar. Y es que a veces, las personas que sufren ignoran los recursos disponibles.

En un contexto de respeto, compresión y compasión, que me permiten establecer el vínculo puedo abrir el abanico de posibilidades a la escucha, la psicoterapia, la biblioterapia y los diversos fármacos que pueden ser utilizados en cada caso.

Los caminos hacia la curación han de partir desde el interior del paciente, de modo que el terapeuta sea un facilitador de la aceptación y el agradecimiento precisos para encontrarse con uno mismo.

La compasión como modo de aceptación y forma de creación de un puente natural entre el autoconocimiento, la autoaceptación, y la amabilidad para con uno mismo, el agradecimiento a través del listado de lo que funciona, conociendo lo que más le gusta hacer, lo que más teme, su respuesta a la tensión, lo que le falta y desearía y a qué le está más agradecido (porque el poder de la gratitud puede utilizarse en cualquier momento) y los momentos de pausa reservados para la soledad de manera regular e intencionada son importantes estrategias de autocuidado.

Para poder trabajar juntos es preciso adquirir el compromiso de escuchar para comprender, hablar desde el corazón y hacer ver al paciente que tiene que insistir y seguir en el empeño el resto de su vida, transmitiendo la consigna de que nunca deje que alguien le diga que no puede hacer algo, ¡ni siquiera el mismo!

La soledad constituye un problema social y sanitario de gran importancia en nuestros días. Desde un punto de vista médico es preciso estar atento a las señales de los pacientes que nos permitan detectar los problemas de salud secundarios para encontrar las más idóneas formas de ayuda entre las que habrá que considerar la prescripción social.

Los medicamentos homeopáticos pueden ser de gran ayuda en estos casos, sobre todo si somos capaces de reconocer la emoción y sus causas para equilibrar al paciente desde un punto de vista global y hacer más fácil la puesta en práctica de las tareas no farmacológicas.

Bibliografía

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