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La era de la vileza… homeopática

Por el Dr. Gonzalo Fernández

Voy a referirme en este post a un celebrado artículo de Antonio Muñoz Molina publicado el día 15 de julio en “El País” y titulado “La era de la vileza”

El artículo limita esa supuesta era, la de la vileza, a un tiempo y unos personajes concretos. Yo estoy convencido de que casi todo el mundo, en todas las épocas, por un motivo u otro, podría decir aquello de ¿y qué hay de mi era de la vileza?

Pondré el ejemplo de la homeopatía y la pandemia.

El artículo

Data Muñoz Molina esta era de vileza hacia 1950 cuando empezó “la era del antropoceno, marcada por las perturbaciones de la acción humana sobre el planeta”. Esa sería, también, el comienzo de una nueva época política y moral. Una época donde la mentira y la manipulación se habrían adueñado de la prensa y las redes sociales. Bueno, él utiliza unos términos mucho más duros como “estercolero inmundo de la prensa sin escrúpulos…”.

Después habla, en lo que viene a ser el verdadero contenido del artículo, del Dr. Luis Montes, antiguo coordinador de urgencias del Hospital de Leganés, ya fallecido, de la guerra de Irak, Aznar, Bush, de Miguel Ángel Rodríguez, Feijoo, etc.

En realidad, lo que quiere denunciar son los casos de manipulaciones y mentiras asociados a todos estos personajes, sobre todo Feijoo y M. A. Rodríguez, poco antes de las elecciones generales del 23 de julio.

Ni quito ni pongo. Sólo añado que me acuerdo perfectamente de la campaña contra el Dr. Montes, acusado, falsamente, de haber abusado de sedaciones en enfermos graves para acelerar su muerte. Acusaciones no solo de la prensa sino de otros compañeros médicos que dieron pábulo a esa mentiras.

El caso de la homeopatía

Mientras leía el artículo no dejaba de pensar en tantas personas (y colectivos) que podrían haber hablado, a su vez, de su tiempo de vileza.

Disculpen si peco de interesado pero ¿qué otra palabra define mejor los últimos años de medias verdades, mentiras y manipulaciones contra la homeopatía? ¿Cómo definir mejor ese “estercolero” en el que podemos incluir, como punta de lanza, el grupo mediático donde Molina publica su artículo?

Y es que, seguramente, la época de la vileza empezó ya en las cavernas en cuanto surgieron las primeras palabras, las bellas (todas lo son, de alguna manera) y las otras que se empezaron a utilizar como armas arrojadizas. Y ya sabemos aquello de que una palabra puede herir mucho más profundamente que el filo de una espada.

La situación, en el caso de la homeopatía,  fue la misma que denuncia el articulista. Políticos, ministros incluso, locutores, periodistas, médicos, colegios profesionales, todos con nombres y apellidos, se acomodaron en la barra del bar como dice Molina y soltaron sus chistes facilones de machotes, insultos y mezquindades entre risotadas.

Con pederastas nos llegó a comparar un conocido médico que, por otra parte, debe tener un alto concepto científico y humano de sí mismo pero que siempre llevará esa tacha consigo.

Aquí el ensañamiento no fue contra una persona concreta, aunque siempre reciben más los que están en primera línea, sino contra un colectivo de médicos cuyo único pecado era prescribir medicamentos homeopáticos, además de los convencionales, que años más tarde ese mismo gobierno que había formado parte de la repugnante campaña, acabó por registrar (ya estaban autorizados) con todos los parabienes igual que en el resto de Europa. A día de hoy los medicamentos homeopáticos en España son como cualquier otro medicamento y de dispensación exclusiva en farmacias.

Lo que sucedió fue que muchos de estos médicos, con más de 20 o 30 años de trayectoria ejemplar, tuvieron que dejar sus consultas o abandonar la homeopatía, aquello que tanta dedicación y pasión habían puesto y que sus pacientes tanto habían agradecido. Así de salvaje fue la campaña sistemática de manipulaciones y mentiras.

Nadie ha pedido perdón, por supuesto, ni nadie va a hacerlo, por las consecuencias para las vidas de estas personas. No, nadie va a reparar, ni siquiera moralmente, el daño hecho.

¿Lo llamamos vileza o cómo le llamamos, entonces?

El caso de la pandemia

Poco a poco, primero a cuentagotas pero cada vez de forma más clara, se van desvelando las mentiras y manipulaciones asociadas a la pandemia de covid.

No voy a entrar en detalles, pero el emponzoñamiento de la convivencia con anuncios oficiales tales como “no abraces a tu abuelo que lo matas”,  “no lleves un no vacunado a tu casa en Navidad”, “me vacuno por amor”, etc. sin ninguna evidencia científica ya entonces ¿no fue propalado por políticos, presentadores famosos, médicos, medios de comunicación? ¿No asomaron claramente los autoritarismos en las así llamadas democracias occidentales con gran complacencia de una gran parte de la población?

¿Y la censura? ¿Qué pasó con todos aquellos médicos e investigadores de prestigio, que discrepaban, con argumentos científicos y racionales, del discurso oficial? ¿No fueron ninguneados o apartados de sus trabajos?

¿Alguien invocó, entonces, la libertad de expresión?.¿Hubo manifiestos de protesta? ¿Dónde estaban los “intelectuales”?

¿Qué fue de tantas vidas arruinadas en tantas decisiones oficiales, apoyadas, por supuesto, en “los expertos”, a cada cual más absurda y sin sentido?

Añadan a esto que, por si fuera poco, todo el estado de emergencia y las leyes derivadas fueron declaradas inconstitucionales por dos veces. ¿Dimitió alguien? ¿Pidió perdón alguien?

¿Le llamamos vileza o cómo le llamamos?

Petición

Querido Antonio, los gases pestilentes de la vileza, esos gases que nos intoxican a todos en cuento los respiramos, como tú dices, no se pueden circunscribir a unos pequeños intereses de un pequeño periodo electoral de un pequeño país de la periferia como el nuestro.

La vileza es antigua y, probablemente, está en cada uno de nosotros.

Convendría estar alerta y hacer un buen trabajo introspectivo para reconocerla y mantenerla a raya.

Convendría ampliar la perspectiva para denunciar siempre, si no en todos sus frentes (imposible por su infinitud) sí, al menos, en todo aquello que nos atañe o conocemos.

Convendría, sobre todo, como en todo reprobable linchamiento, tener la decencia, al menos, de no participar en ella.

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