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Agua que no has de beber

Por el Dr. Roberto Pelta Fernández

Roberto Pelta Fernández. Doctor en Medicina y Cirugía, Alergólogo del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid. Diplomado en Terapéutica Homeopática por el CEDH y profesor del CEDH. Historiador de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica. Socio de Número de la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas.

Como afirma el Dr. José Ignacio Torres, en Hablando de homeopatía :

«Arsenicumalbum (anhídrido arsenioso) es un gran medicamento homeopático con múltiples indicaciones tanto en patología aguda como crónica cuya fuente de información procede principalmente de la toxicología…».

El arsénico es el agente tóxico más clásico; desde el siglo xvi hasta el xix fue el preferido por los criminales, de ahí su denominación de «rey de los venenos».

El arsénico puro no es tóxico, a diferencia del blanco (arsenicumalbum), arsenolita o trióxido de arsénico, que se produce por oxidación del primero en contacto con la atmósfera. Este es insípido, poco soluble en agua y en el pasado era conocido como «polvo de sucesión», pues servía para deshacerse de herederos incómodos. Formó parte de la composición del acqua Toffana, de la que se decía que unas pocas gotas minaban lentamente la salud de un individuo provocando anorexia y sed extrema, astenia, una demacración progresiva, abatimiento y un estado consuntivo. Se cree que su creadora fue la Gnura Tufana, que se llamaba Teofania di Adamo y suministraba la pócima a mujeres que querían deshacerse de sus esposos y para ello acudían a su casa de Palermo (Sicilia). Aunque otros envenenadores añadirían a la fórmula original arsénico y otros tóxicos, la signora Toffana únicamente debió de usar jugos de diversas hierbas para elaborar su brebaje, probablemente el de la planta llamada Antirhinumcymbalaria o hierba de campanario. Por su contenido en ácido tartárico y taninos, se usó por los médicos en el pasado para favorecer la diuresis y prevenir el escorbuto. Otros se inclinan por la adición de un tercer tóxico, sublimado corrosivo o cloruro mercúrico, conocido por los médicos homeópatas como mercurius corrosivus.

Samuel Hahnemann (1755-1843) afirmó que el acqua Toffana llevaba sales arsenicales neutras. Y Juan Bautista von Garelli, médico del emperador de Austria Carlos VI de Habsburgo, sostuvo que además de una débil solución de arsénico cristalizado, contenía Antirhinumcymbalaria. Se cree que aquel murió envenenado tras comer unas setas, probablemente Amanita phalloides, como le ocurrió al emperador Claudio.

Teofania di Adamo fue prendida por la justicia tras la denuncia del marido de una clienta, que se libró por los pelos de morir al comer una ensalada envenenada. Fue ejecutada el 12 de julio de 1633 y según la descripción de un cronista de la época:

«Eran las ocho y media de la tarde cuando el carro rodeado de guardias salió de la puerta de la vicaría. Tuvieron que ir abriéndose paso a golpes de mosquete entre el populacho. Toffana iba sentada en un banquillo con las manos y pies bien atados al mismo. Por fin sus ojos se dirigieron a la horca que se alzaba en medio de la plaza sobre la marea humana. Al pie del cadalso estaba el verdugo, que calentaba unas grandes tenazas al rojo en un brasero, cuya llama alimentaba un ayudante con un pequeño fuelle. Apenas el carro pasó de la calle Porto Salvo a la de Toledo, el verdugo levantó las tenazas al rojo vivo y acercándose a la vieja las probó en su carne, arrancándole un pellizco de los músculos del brazo. Un horrendo grito salió de la boca de la miserable, que se contrajo tratando de soltarse de sus cuerdas. El verdugo volvió a colocar las tenazas en el fuego. El carro infamante dio la vuelta a la plaza, durante cuyo trayecto el verdugo repitió el terrible suplicio, que difundió por el aire un nauseabundo olor a carne quemada. La vieja Toffana no daba signos de vida. El cuerpo ensangrentado de la condenada fue transportado a la plataforma de la horca. Cuando estuvo situada en lo alto de la escalera, la dejaron caer oyéndole un crujido de huesos rotos. Quedó balanceándose en el aire con la cabeza caída a un lado, era grotesco ver aquel símil de un muñeco de trapo colgando como un péndulo de la horca, acariciado por los últimos rayos del sol. Permaneció allí toda la noche y por la mañana aparecieron más curiosos para ver la última parte de la ejecución. Los verdugos bajaron el cuerpo no para ser enterrado, sino para descuartizarlo, cosa que hicieron con habilidad de expertos matarifes. Cada parte, separada, fue llevada lejos de la ciudad a lugares abandonados para que fuese pasto de las alimañas».

No era la primera ejecución pública de una envenenadora, pues el 16 de febrero de 1633 una gran multitud se congregó en la Piazza Marina de Palermo, el mismo lugar donde fue ajusticiada Teofania di Adamo, para ver la ejecución de Francesca Rapisardi, conocida como la Sarda. Relata Rosario La Duca en su libro I veleni di Palermo (Los venenos de Palermo), publicado en 2016 en Palermo por Sellerio Editore, esta última fue decapitada por ser:

«Fabricante de un veneno diabólico en el agua, del que sólo con echar una gota en cualquier cosa, se le hace perder su calor natural, y en tres días a más tardar morían las personas que lo bebían, tanto en Palermo como en el Reino».

Se refiere al Reino de Nápoles y Francesca recibió insultos mientras cruzaba las calles de Palermo en una carreta y alguien, en un momento dado empezó a burlarse de ella. Se dirigió a los presentes y exclamó: «¡Ríete también, muchos de ustedes vendrán conmigo!».Como si de una profecía se tratase, tras su ejecución las cajas de madera del improvisado escenario no pudieron soportar el peso de los numerosos espectadores y se desplomaron. Durante la estampida, muchos fueron pisoteados y algunos murieron.

Como relata Adela Muñoz Páez en su libro Historia del veneno (de la cicuta al polonio), publicado en 2012 por Random House Mondadori, S. A., durante su interrogatorio Teofania di Adamo, al ser preguntada sobre Francesca Rapisardi, respondió: «que la Sarda no hacía más que vender lo que ella preparaba, que ella había sido su maestra».

A pesar de castigos tan ejemplares, prosiguieron los casos de envenenamiento, primero en Nápoles donde se conocería la pócima como acqua di Napoli y luego en Roma. En la Ciudad Eterna se comercializaba en unos frasquitos con la efigie de san Nicolás de Bari, patrono de los niños. La portadora de la receta era Giulia Toffana, de la que no se sabe bien si era hija o sobrina de Toffanad´Adamo o una discípula. En 1651 una de sus clientas añadió acqua Toffana a la sopa que iba a comer su esposo y cuando se disponía a dar cuenta del plato, su mujer recapacitó, tiró el contenido y denunció a Giulia. Pero era tan popular que sus clientas impidieron su detención y efectuaron gestiones para que obtuviera asilo en un convento. Cuando corrió el rumor de que Giulia había envenenado el agua de Roma, la policía forzó la entrada al retiro religioso y la detuvo. Confesó bajo tortura que había envenenado a más de 600 hombres, para ayudar a sus mujeres a defenderse del maltrato que recibían. Fue ejecutada en la horca en el Campo dei Fiori, una céntrica plaza de Roma, con tres colaboradoras en julio de 1659. Su cuerpo fue arrojado por encima de las tapias del convento que la había acogido. Algunos proveedores y clientas fueron también arrestados y ejecutados, mientras que otras de sus cómplices fueron encerradas en las mazmorras del Palazzo Puzzi o emparedadas vivas en sus muros.

Historias similares a la que nos ocupa pueden leerse en mi libro Puro veneno (tóxicos, ponzoñas y otras maneras de matar). La esfera de los libros. Madrid, 2023.

BIBLIOGRAFIA

  • AlzogarayR. El elixir de la muerte. Y otras historias con venenos, Siglo XXI, Buenos Aires, 2007.
  • Calvo G. Historia del arsénico, Talenbook S. L., Guadalmazán, 2021.
  • Chauvel G. Lucrecia Borgia: la hija del papa, Edhasa, Barcelona, 2002.
  • Cloulas I.Los Borgia, colección «Biografía e Historia», Javier Vergara Editor, Buenos Aires, 1988.
  • DEMARQUE D, JOUANNY J, POITEVIN B, SAINT-JEAN Y.Farmacología & Materia Médica Homeopática,CEDH, Madrid, 2010.
  • Hubbard B. Venenos. La historia de las pociones, polvos y los asesinos que los utilizaron. Librero, edición española, impreso en India, 2020.
  • Palao P. Los misterios de los venenos, De Vecchi, Barcelona, 2008.
  • Pelta R. El veneno en la historia, Colección «Espasa Minor», Espasa, Madrid, 2000.
  • Pelta R, PELTA E. Cien curiosidades históricas del veneno, Euromédice, Ediciones Médicas, Barcelona, 2003.
  • Pelta R. El arte de envenenar, Momento Médico srl., 2013.
  • PELTA R. Puro veneno (tóxicos, ponzoñas y otras maneras de matar). La esfera de los libros. Madrid,2023.
  • Villeneuve R. Venenos y envenenadores, Bruguera, Barcelona, 1963.

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