Hablando de homeopatía

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Reflexiones desde el confinamiento: ¿Competir o colaborar?

Comunícate, coopera y evolucionarás es el título de un monólogo escrito por Oriol Marimon y recogido, entre otros muchos, en un entrañable libro titulado a su vez Si tú me dices GEN lo dejo todo. Monólogos científicos para REÍRTE de los teoremas, las bacterias y demás curiosidades.

El libro está escrito por un grupo de jóvenes investigadores que se autodenominan TheBIGVANTHEORY, unidos por la ciencia y el sentido del humor. Y así, en su furgoneta (VAN), recorren la geografía de este nuestro país, y de algunos otros, compartiendo saber y buen humor.

El libro llevaba ya tiempo dando vueltas por casa y yo no le había hecho mucho caso, es más, ni sabía de qué iba, y uno de los últimos fines de semana de la fase dura de nuestro confinamiento, mientras estaba preparando la comida, mi mujer me dice desde el salón, pegado a la cocina, que si quería que me leyese algo y, claro, uno nunca dice que no a proposiciones como esa. Ella, que me conoce, sabía que me iba a tocar y, sin leerme el título, comenzó a ello.

El monólogo comienza hablando sobre el fuego, como bien dice el autor, sin duda uno de los pilares en los que se sustenta toda nuestra sociedad y su desarrollo tecnológico. Bueno, en realidad, no es en el fuego en sí sino, más bien, en su control y dominio.

No fue hasta hace unos ochocientos mil años que el ser humano, allá en el continente africano, comienza a controlar el fuego y a hacer de él una herramienta de desarrollo y evolución. Pero para esto no solo fue suficiente saber hacer fuego, fue también necesario ser capaz de compartir esta habilidad entre toda la especie. Es decir, comunicar y cooperar. Y esto no fue posible hasta la aparición por esas fechas del Homo ergaster y el Homo erectus, homínidos con capacidades de comunicación complejas a diferencia de su antecesor el Homo habilis. Claro, para el Homo habilis “Todo eso era muy difícil de explicar (lo de cómo se hacía el fuego) si lo único que sabes soltar por la boca son unos gritos guturales tipo: Uhu, huhu, hu. Si has visto alguna vez Sálvame Deluxe, sabrás a lo que me refiero”.

Con esta reflexión, Oriol Marimon comienza a adentrarnos en la idea de que, a lo mejor, no es tanto la competencia lo que hace evolucionar a los seres vivos sino, sobre todo y por encima de ella, la capacidad de comunicarse y cooperar. Y del fuego da un magistral salto a las estructuras vivas más simples que nos forman: las células.

“¿Pero cómo se han formado nuestras células? ¿Compitiendo? ¿No! Cooperando”.

Así, hace tres mil quinientos millones de años -ahora vamos mucho más atrás todavía en el tiempo-, la vida en la tierra estaba manifestada en forma de bacterias, estructuras vivas e independientes pero con capacidad de comunicarse y cooperar. Esta capacidad de interactuar entre ellas, Oriol explica, llegó a un momento clave cuando algunas bacterias comenzaron a desarrollar la endosimbiosis seriada.

¿En qué consistía ese invento?

Para explicarlo da el ejemplo de una bacteria fuerte, poderosa y robusta pero que no sabe aprovechar el oxígeno del aire para obtener energía de manera eficaz y abundante. Resulta que tiene un gran potencial pero puede hacer pocas cosas porque su capacidad de producir energía es pequeña. Al lado hay otras bacterias, en cambio, que son pequeñas, débiles y vulnerables pero que tienen la extraordinaria facultad de usar el oxígeno para generar gran cantidad de energía. “Un día estas dos bacterias deciden cooperar, la fuerte ofrece protección, la pequeña, energía. ¿Y cómo lo hacen? Pues la grande se come a la pequeña, que las bacterias son muy burras. ¡Que ni Hannibal Lecter es tan animal!”.

Pero en esto de la endosimbiosis seriada ocurre que la que se come a la pequeña no la digiere sino que la asimila. Ahora la bacteria pequeña está protegida y dispone de gran cantidad de alimento y, a cambio, comparte con la bacteria grande la energía que obtiene a partir del oxígeno. En esta relación, denominada simbiosis, ambas ganan. Y este proceso, que se repite en el tiempo de manera seriada, culmina con una integración óptima y extrema de seres, de forma que esas bacterias pequeñas acaban transformándose en las mitocondrias creando una vida de dimensiones no conocidas. El resultado de la suma es mucho más poderoso que las posibilidades de las partes independientes.

Concluye diciendo: “Así que desde el mundo microscópico hasta el macroscópico, desde la unión de las bacterias para dar lugar a células más complejas y poderosas, hasta la transmisión entre homínidos de conceptos complejos como encender un fuego, la comunicación y la cooperación han sido procesos esenciales en la evolución. Dejémonos, pues, de competir, porque cooperar también es salir adelante”.

En el perfil de mi cuenta de twitter @DrGBasauri tengo una frase en la que creo profundamente:

Colaborar mejor que competir. Así que cuando me leyó mi mujer el monólogo es fácil entender por qué sintonicé inmediatamente con él.

Alguien puede decirme que competir es, indudablemente, una manera de progresar y de evolucionar. La competición puede espolear a las personas para dar lo mejor de sí para superar al otro. Vale, lo acepto, pero la cuestión es si una sociedad que tenga su modelo de crecimiento en un sistema competitivo desarrollará estructuras sociales y relaciones personales más felices, justas y satisfactorias que una sociedad con un modelo colaborativo. Yo creo que no.

La competitividad tiene valor cuando es uno el que compite consigo mismo, cuando el esfuerzo se pone en superarnos para dar lo mejor de nosotros a la comunidad. Cuando se compite entre las personas siempre hay alguien que gana y alguien que pierde. Cuando se colabora, todos ganan.

En el deporte NO profesional, en el caso en que se compita -porque se puede hacer deporte sin competir-, la competición para mí tiene otra dimensión. Lo digo porque, habiendo perdedores y ganadores, los que pierden, digamos, pierden poco. No hay daño, no hay perjuicio, se puede ganar sin herir y perder sin sufrir. Se puede competir y disfrutar porque el objetivo no es el poder o el dominio; tan solo compartir la experiencia del juego. Así vivimos el deporte muchas personas.

Cuando una empresa compite con otras por un proyecto, las consecuencias de esa batalla pueden ser nefastas, dramáticas, para alguna o para todas las partes perdedoras, hasta el punto de tener que cerrar, dejando a personas y familias sin recursos para sostener una vida digna. Cuando se guerrea, cuando se compite como nos insta a competir esta sociedad, esta cultura del consumo en la que vivimos, las víctimas son parte del “juego”. Solamente que la vida no es juego, sobre todo para los perdedores.

Alguien puede decir también: “Ya, pero a todo el mundo le gusta ganar. A nadie le gusta perder”

Obvio. Pero ¿qué es ganar? ¿Por qué siempre hay que ganar a otra persona, a otra empresa, a otro país? ¿Por qué no podemos ganar juntos frente a un reto colectivo para el bien de todos? Y si en este último caso se pierde viviremos y superaremos juntos la decepción y esto, seguro, nos unirá más para afrontar de nuevo el proyecto con lecciones aprendidas y vínculos fortalecidos. ¿Utópico? No, inteligente.

Mientras las relaciones sociales, personales, profesionales, internacionales o del tipo que sean se muevan en términos de competición lo nuestro, lo de la humanidad digo, tiene muy mal arreglo. La competición hace que nos sintamos enemigos y malamente podremos conseguir un mundo en paz si los seres humanos nos vivimos como enemigos. Y como nuestro campo de batalla es nuestro propio hogar, la Tierra, pues arrasamos con todo con tal de tener más que el vecino. Competir, producir y consumir; el motor de nuestra civilización.

En medicina, ¿podemos colaborar?

En este blog sobre homeopatía hemos hablado en muchas ocasiones y en diferentes contextos sobre el concepto de la medicina integrativa. Os quiero invitar a que leáis, si no lo habéis hecho, uno de nuestros posts sobre la Homeopatía en el contexto de la medicina integrativa. Es un vídeo-post en el que reflexionamos sobre la medicina que tenemos y la medicina que nos merecemos. El Dr. Torres hace un preciso diagnóstico de cómo y por qué hemos llegado a la situación de salud actual en los países, llamémoslos, desarrollados.

Vivimos en una sociedad de la inmediatez y del miedo […] El miedo genera sobrediagnósticos y sobretratamientos8 de manera que los varones como ejemplo se realizan de modo innecesario el PSA (antígeno prostático específico) o las mujeres una densitometría ósea lo que conlleva en la mayoría de las ocasiones más perjuicio que beneficio9. Es el miedo de la sociedad, de los pacientes y también de los médicos. Incluso, prácticas habituales que parecían de clara utilidad como la mamografía de cribado10,11 han sido cuestionadas después de varios estudios.

A partir de aquí analiza algunas de las circunstancias históricas, sociales y económicas que han contribuido a que nos encontremos en la situación actual.

Hacemos una medicina tan defensiva, básicamente, porque las personas no sentimos confianza mutua. No sentimos que el otro va a poner todo su corazón y todo su ser por cuidar de nosotros. Y esto no pasa solo en la relación médico-paciente, ocurre en la vida en general. Tenemos miedo unos de otros; el paciente de que el médico actúe desde un lugar en el que él no sea su prioridad y el médico de que el paciente le demande por mala praxis. Todo porque las personas no confiamos unas en las otras. Porque somos competidores, no colaboradores. Somos enemigos, no hermanos.

La medicina integrativa crea un paradigma médico nuevo en el que lo más importante es entender que juntos llegamos más lejos y que, además, el camino es mucho más bonito de recorrer. La medicina tecnológica se “dulcifica”, se humaniza, con los saberes y las formas de terapéuticas como la homeopatía, la medicina naturista, la acupuntura o la osteopatía, por nombrar las más utilizadas. A la vez estas terapéuticas clásicas encuentran un impulso innegable en su desarrollo y comprensión gracias a todos estos avances médico-tecnológicos. Es lo de la endosimbiosis seriada en donde nada devora a nada sino que se asimilan para crecer juntos. Colaborando todos ganamos, sobre todo los pacientes.

Esa medicina biopsicosocial, de la que tanto se habla ahora, es la forma de entender al ser humano que la homeopatía ha tenido siempre. Eso que también se nombra como la medicina holística pues es lo mismo, lo que pasa que lo de holístico a algunos les da un poco de “repelús”. Es normal, no pasa nada, cosa de sensibilidades. Lo importante es que empezamos a entender, ya todos, que la salud y la enfermedad de las personas no las podemos entender y menos tratar si no comprendemos la realidad biológica, emocional, mental y social de cada paciente. Yo siempre digo a mis alumnos del CEDH, y allá donde enseñe homeopatía a mis compañeros, que los médicos que incorporamos la homeopatía entre nuestras habilidades terapéuticas preguntamos tantas cosas a los pacientes no para ganarnos su confianza y empatizar, sino porque, sencillamente, necesitamos conocer aspectos globales de toda su realidad; su constitución física, enfermedades pasadas y presentes, cirugías, lo que piensa, lo que siente, cómo ve la vida, cuáles son sus miedos, cómo son sus relaciones sociales y familiares, con qué relaciona sus malestares, con una pérdida, un duelo o cualquier otra situación vital o emocional, a qué se dedica, si es feliz en su trabajo, si se considera o no una persona espiritual, en qué cree… Todo esto y más nos conforma, en la salud y en la enfermedad.

Sobre nuestro destino.

Hace poco veía en Twitter una publicidad de un juego de estos de guerra llamado Conflict of Nations. World War 3 Startegy Game. Y decía en la presentación del juego: “¿Atascado en casa coronel? Este juego te mantendrá entretenido durante semanas. ¡Lleva a tu país a la victoria!”, todo con sus correspondientes imágenes de guerra con bombas nucleares incluidas. En general, no me quedo enganchado en estas cosas ni les doy más energía, tan solo mando un buen pensamiento para los creadores de estos juegos violentos y sigo a otra cosa, pero esta vez contesté: “Creo que es momento de crecer y dejar de comportarnos como bestias. Todos somos hermanos que compartimos un hogar, la Tierra. Cambiar y comenzar a cuidarnos no es tan difícil, en realidad todo será mucho más difícil si no lo hacemos”. Cuando leí mi comentario después de escribirlo (y ahora que vuelvo a hacerlo) me pareció un poco intenso pero, aun así, lo mandé. Es que la frivolidad con la que trataban la guerra me sobrecogió.

A mi entender, estamos equivocándonos. Estamos poniendo nuestro destino en manos de la ciencia y el desarrollo tecnológico, en vez de ponerlo en manos de la bondad y la compasión. Suelo decir que en la facultad de medicina debieran enseñarnos a todos los médicos a mirar a los pacientes como lo hace la homeopatía y a partir de esa mirada holística, biopsicosocial, humanista e integradora, elegir el mejor tratamiento que consideremos, intentando siempre que, por supuesto, sea seguro y que actúe estimulando los propios recursos de curación del organismo. Para mí no es la homeopatía la que tiene que acoplarse a la tecnomedicina sino que es esta tecnomedicina la que tiene que servir, permitidme la expresión, a la visión humanista de la homeopatía. Endosimbiosis seriada de nuevo. Quiero decir que cuando la tecnología sea asimilada por la bondad entonces sí tendremos un futuro luminoso.

La medicina integrativa no quiere renunciar a la biotecnología, lo que quiere es darle su lugar y conectarla con otras terapéuticas que tanto tiempo y que con tanto éxito llevamos usando los médicos a lo largo y ancho de este mundo. De la misma manera que no es necesario renunciar a los avances tecnológicos en general, tan solo hay que ponerlos al servicio del bien, del cuidado del planeta y de quienes lo habitamos.

Yo creo que nuestro destino es un destino integrador, cooperativo, colaborador. Es importante salir del miedo y entrar en la confianza, ser capaces de empezar de nuevo, de mirarnos con nuevos ojos como si nos descubriéramos por primera vez. En ese momento nos daremos cuenta de que estamos unidos, que caminamos juntos y que nuestro destino está por escribir.

Y hoy no voy a terminar el post con #HomeopatíaSuma. Hoy no.

Endosimbiosis seriada

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