Hablando de homeopatía

Se entiende por prevención cualquier intervención que reduzca la posibilidad de que una enfermedad o trastorno afecte a un individuo o que interrumpa o enlentezca su progreso. La prevención basada en pruebas científicas en las personas sanas mediante el examen periódico de salud es una práctica de los últimos 30 años.

En los 80 del siglo XX la Canadian Preventive Service Task Forcey la USA Preventive Service Task Force propusieron el primer paquete de medidas preventivas con evidencia científica. En nuestro país, se creó el programa de actividades preventivas y de promoción de la salud (semFYC PAPPS) en 1988 por iniciativa de los profesionales de atención primaria implantándose en los Centros de Salud en 1989, convirtiéndose de referencia en Europa en 1996 y con vigencia hasta la actualidad.

Los tipos de actividades preventivas más habituales son: la quimioprofilaxis, las vacunaciones, el consejo sanitario y los cribados. Hasta hace relativamente poco tiempo se hablaba de tres tipos de actividades preventivas, como propuestas y acciones dirigidas a:

1)    Evitar la aparición de la enfermedad en personas sanas- prevención primaria, con la vacunación o el abandono del tabaco para evitar el cáncer por ejemplo.

2) Identificar y tratar a personas enfermas asintomáticas- prevención secundaria, por el diagnóstico precoz mediante cribado con citología vaginal y mamografía o sintomáticas evitando la progresión de la enfermedad o fallecimiento mediante el control de los factores de riesgo de una enfermedad, por ejemplo dejar de fumar y tratar el colesterol en personas que han padecido un infarto de miocardio.

3) Mejorar la salud de una persona enferma mediante la rehabilitación-prevención terciaria, por ejemplo fisioterapia y rehabilitación en un paciente con accidente cerebro-vascular.

En la década de los noventa del pasado siglo nace el concepto de prevención cuaternaria como conjunto de actividades que intentan evitar, reducir o paliar el daño provocado por la intervención médica. El objetivo es minimizar los riesgos de la intervención sanitaria y surge como respuesta a la medicalización de la sociedad.

La prevención cuaternaria puede aplicarse en la consulta en mi opinión en varias situaciones:

1.- A la hora de tomar decisiones cuando se proponen actividades preventivas propiamente dichas y que en general no nos han solicitado, como vacunaciones, análisis de cribado como PSA, sangre oculta en heces o colesterol, estudios de imagen como mamografía, es imprescindible conocer las ventajas e inconvenientes de cada una de ellas para mejorar la salud de la persona o al menos no dañarla y compartirlo con el paciente.

2.- En el diagnóstico, partiendo de la base que en la actualidad, la principal fuente de información para el médico sigue siendo la anamnesis (escuchar y preguntar) y la exploración física, informando y aconsejando sobre las pruebas a realizar valorando su necesidad, pros y contras de forma individual en cada paciente y contando con su opinión.

Decía Séneca que “no hay viento favorable para el que no sabe dónde va”, y eso sucede a diario en nuestras consultas cuando por pereza, inseguridad o complacencia solicitamos pruebas (análisis, Tacs…) sin tener en cuenta de qué modo reducen la incertidumbre sobre el problema diagnóstico y son por tanto de mayor beneficio que perjuicio para el que se las realiza.

En la misma línea, un buen neurólogo opinaba que “solicitar un TAC a un paciente con dolor de cabeza sin haberle escuchado y explorado no era diagnosticar, sino pescar” y podríamos añadir, en un mar proceloso lleno de cantos de sirenas.

3.- En el momento de informar sobre el posible problema de salud o motivo de consulta, escuchando con atención, adaptándose al paciente, a su nivel social y lenguaje, y considerando lo que cada persona sabe, quiere saber, y de qué modo. Y con la certeza de que nada puede aliviar más o hacer más daño que la palabra, como queda reflejado en el poema de José Hierro:

……. Con reverencia temerosa escuchaba mensajes tan incomprensibles como los de la llama, la ola, el trueno (tal vez con la misma inquietud con que escuchamos al doctor que diagnostica nuestro mal utilizando tecnicismos nunca oídos, de manera que no sabemos si –impasible y profesional- es nuestra muerte lo que anuncia o es la vida). ……….

De Cuaderno de Nueva York. 1998

 4.- En el pronóstico utilizando herramientas a veces olvidadas pero imprescindibles a diario como el respeto, la prudencia y el sentido común.

5.- En el tratamiento, considerando las ventajas e inconvenientes de las medidas no farmacológicas y de los medicamentos, y las necesidades y deseos del paciente previamente bien informado.

Y empleando siempre que se puedan medicamentos que sean seguros y eficaces mediante el uso racional del medicamento.

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