La inflamación es uno de los signos que con mayor frecuencia aparece asociado a distintas enfermedades y dolencias. En este post vamos a conocer cuáles son sus causas, cómo se produce, qué utilidad tiene para el organismo, qué tipos de inflamaciones existen y cómo la Homeopatía puede ayudarnos en su tratamiento.

Sobre el término inflamación.

La palabra inflamación proviene del latín inflammatio que significa encender, hacer fuego, lo cual ya nos habla de las características más importantes que definirán esta reacción del organismo.

Así mismo, siempre que veamos el sufijo -itis al final de una palabra sabremos que se estará refiriendo a un proceso inflamatorio en algún lugar del organismo. Artritis será en una articulación, amigdalitis será en las amígdalas de la garganta, hepatitis hará referencia a la inflamación del hígado y la palabra gastritis se referirá a la inflamación del estómago.

Qué es la inflamación y cuáles son sus principales signos.

La inflamación es una respuesta defensiva que nuestro sistema inmunitario pone en marcha frente a una agresión.

El agente agresor puede ser algo inerte como un traumatismo, una fuente de calor o algún tipo de radiación, producto tóxico o veneno, pero esta respuesta defensiva también puede activarse frente a organismos vivos como virus, bacterias, hongos o parásitos.

Es cierto que también se dan algunas circunstancias en las que el organismo desarrolla procesos inflamatorios sin que exista ningún peligro real del que defenderse. Esto se da en los procesos alérgicos y en lo que denominamos enfermedades autoinmunes. En estos casos, las inflamaciones se  ponen en marcha como consecuencia de un mal funcionamiento de nuestro sistema inmune que se activa cuando debiera permanecer tranquilo.

Ya en la antigüedad clásica el enciclopedista Aulo Cornelio Celso recoge en su obra “De Medicinae” las cuatro principales características de todo proceso inflamatorio, lo que se conoce como la tétrada de Celso:

  • Tumor. Es el aumento del volumen de la zona afectada como consecuencia del acúmulo de fluidos (edema) provenientes de la sangre.
  • Rubor. Enrojecimiento de la zona a causa del aumento de flujo sanguíneo a la zona.
  • Calor. El aumento de la temperatura se debe a la vasodilatación que se produce en la zona y al aumento del consumo de oxígeno que también se produce durante las reacciones del proceso inflamatorio.
  • Dolor. La secreción de algunas sustancias químicas, como las prostaglandinas, son las responsables de estimular los receptores del dolor. También en ocasiones, si la inflamación es muy importante, puede producirse un compromiso de espacio en alguna zona del cuerpo y que aparezca el dolor por la propia compresión que produce la inflamación.

Ya en épocas más recientes, fue el Dr Wirchow el que definió la quinta característica que define un proceso inflamatorio: La pérdida o la disminución de la capacidad funcional.

Cómo se produce la inflamación.

La inflamación es un proceso biológico que lo que busca es defendernos de agentes nocivos y reparar los tejidos dañados. El proceso del fenómeno inflamatorio comienza cuando los tejidos agredidos liberan determinadas sustancias químicas que ponen en marcha toda una cascada de reacciones biológicas.

El primer fenómeno que se produce es la vasodilatación de los pequeños vasos sanguíneos de la zona afectada y el aumento de la velocidad del flujo de la sangre por esos vasos. Además, mientras esto ocurre, también aumenta la permeabilidad de esa microcirculación, con lo que se produce la salida del exudado inflamatorio que provoca el edema de la zona. Este exudado que se acumula en la zona inflamada estará lleno de células de nuestro sistema inmunológico que se encargarán de llevar a cabo las acciones de defensa y reparación que sean necesarias.

En estos procesos inflamatorios y en la batalla que se entabla entre los defensores y los atacantes, es frecuente que se originen daños colaterales que el organismo tendrá que intentar reparar. En este sentido, el cuerpo pone en marcha un proceso de creación y proliferación de nuevos pequeños vasos sanguíneos en la zona afectada, lo que se denomina angiogénesis. Es la manera de aumentar la llegada de sangre cargada con todas las células y elementos reparadores y de reconstrucción necesarios. Esas células reparadoras que llegan estimularán a su vez a los fibroblastos, presentes en los tejidos dañados, a producir más colágeno, una molécula fundamental en la reconstrucción de los tejidos.

Es muy frecuente que a lo largo del proceso inflamatorio, fundamentalmente en su fase ya de resolución, aparezca el pus. Este exudado purulento es una mezcla de células de nuestro sistema inmunológico, células muertas de nuestros propios tejidos y microbios. El organismo intentará deshacerse del pus, siempre que le sea posible, drenando al exterior del cuerpo. De ser posible, otra opción será dejarlo aislado en forma de absceso.

Tipos de inflamación.

Distinguimos básicamente dos tipos de inflamaciones, según su duración en el tiempo: las inflamaciones agudas y las crónicas.

La inflamación aguda se caracteriza por su corta duración, de algunas horas a pocos días. Esta fase aguda de la inflamación se relaciona con lo que, básicamente, hemos visto hasta ahora, Así, es una reacción en la que distinguimos tres elementos clave: los cambios hemodinámicos, la alteración de la permeabilidad vascular y la respuesta de nuestras células de defensa.

Hablamos de inflamación crónica cuando ésta se mantiene en el tiempo durante semanas, meses, incluso años. Esto puede ser así porque una infección aguda no se resuelva en un tiempo razonable y el proceso se alargue o porque el proceso inflamatorio se desarrolle desde un comienzo de una forma lenta y progresiva, sin mostrar claramente las manifestaciones clásicas de la inflamación aguda.

Además sabemos que estos estados de inflamación crónica, también denominada inflamación de bajo grado, están relacionadas con enfermedades degenerativas y autoinmunes como la artritis reumatoide, la arterioesclerosis, la fibrosis pulmonar, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la diabetes, la enfermedad de Crohn, el deterioro cognitivo, la fibromialgia e, incluso, el cáncer.

En algunos de estos procesos crónicos el daño y la destrucción de los tejidos inflamados suele ser mucho más importante que en las infecciones agudas por lo que los procesos de reconstrucción serán más intensos, produciéndo la sustitución de los tejidos dañados por tejido fibroso y cicatricial.

Es muy importante entender que el proceso inflamatorio, tanto agudo como crónico, supone una respuesta global del organismo. Es decir, habrá una serie de fenómenos que se desplieguen en la zona afectada directamente pero todo el organismo participará del proceso. Esto es muy fácil de entender cuando pensamos en la fiebre que el cuerpo pone en marcha como respuesta global ante una infección localizada en algún órgano o tejido concreto.

En resumen, cuando nuestro sistema inmunitario pone en marcha un proceso de inflamación el objetivo es frenar el daño que se está produciendo en alguna parte de nuestro cuerpo para, seguidamente, pasar a restaurar los daños producidos en la zona afectada y eliminar los residuos producidos a lo largo de todo el proceso.

Pero cuando la inflamación se cronifica y persiste en el tiempo puede dejar de tener un propósito reparador y volverse destructiva. Estas inflamaciones de bajo grado mantenidas en el tiempo pueden crear estados fisiopatológicos que propicien el desarrollo de enfermedades graves que afecten profundamente a la calidad de vida de la persona y acorten su esperanza de vida.

Qué podemos hacer para evitar el estado de inflamación crónica.

Hay algunas sencillas pautas de vida que pueden ayudarnos a evitar instalarnos en un proceso de inflamación general de bajo grado, como son:

  • Evitar la exposición a productos tóxicos e irritantes. Fumar, consumir alcohol o cualquier otro tipo de drogas, estar expuesto a sustancias químicas, el consumo excesivo de medicamentos o determinados campos electromagnéticos son causas conocidas de estos procesos inflamatorios crónicos.
  • Cuidar la alimentación. Evitar los productos procesados, las harinas refinadas, los dulces y el azúcar refinado, las grasas vegetales hidrogenadas y los aceites refinados. Por el contrario. el consumo de frutas, vegetales, legumbres, cereales integrales y frutos secos y semillas, como base de nuestra alimentación, será la mejor manera de evitar el estado de inflamación crónica. En este sentido, es muy importante intentar consumir alimentos libres de pesticidas y de cualquier producto químico a lo largo de su proceso de cultivo o crianza.
  • Ojo con los disruptores endocrinos. Estas sustancias proinflamatorias, conocidas como disruptores endocrinos, pueden introducirse también en nuestro cuerpo a través de los utensilios con los que cocinamos o en los que guardamos nuestros alimentos, los detergentes y jabones con los que limpiamos y de los productos de higiene personal y cosmética.
  • Hacer ejercicio habitualmente. Una actividad física moderada, placentera y adecuada a las necesidades de cada persona tiene un efecto sobre el organismo antiinflamatorio e inmunoestimulante.
  • Evitar la obesidad. El sobrepeso y el acúmulo de grasa favorecen la instalación de estados inflamatorios crónicos.
  • Modular el estrés y los estados emocionales. El estrés y la ansiedad activan cascadas hormonales y respuestas neurovegetativas en nuestro organismo que favorecen la instalación de estados inflamatorios de bajo grado. Regular, en la medida de lo posible, nuestro ritmo y hábitos de vida puede ser un elemento clave a la hora de controlar la inflamación.
  • Entrar en contacto con la naturaleza siempre que podamos. El contacto con la naturaleza ayuda a regular nuestros ritmos neurohormonales y contribuye al equilibrio físico y emocional de nuestro organismo. Un paseo por la montaña, la playa, un bosque e, incluso, un bonito parque es uno de los regalos más inmensos que podemos hacernos.
  • Descansar adecuadamente. El equilibrio entre actividad y descanso es básico. Así que vamos a mantenernos activos haciendo ejercicio habitualmente, mucho mejor si es al aire libre en plena naturaleza, pero acompañándolo de un descanso adecuado cuidando los horarios y hábitos de sueño.

¿Qué es mejor para una inflamación; el frío o calor?

Tanto el frío como el calor pueden ser útiles en el tratamiento y en el alivio de los síntomas de los procesos inflamatorios. Lo importante será tener claro en qué momento aplicar uno u otro.

El frío tiene un claro efecto antiinflamatorio, mejorando todos los signos y síntomas del proceso inflamatorio. Encontraremos gran alivio si lo aplicamos, por ejemplo, en las inflamaciones producidas por traumatismos o picaduras de insectos. Hay que evitar su aplicación en el caso de que haya heridas en curación y también tendremos cuidado en las personas con problemas circulatorios.

El frío podemos aplicarlo usando compresas húmedas o utilizando bolsas de hielo, teniendo siempre cuidado de no aplicar el hielo o las bolsas de hielo directamente sobre la piel. Aplicar el frío durante periodos de 10-15 minutos, con intervalos de descanso, a lo largo de 1-2 horas puede ser una forma adecuada de uso.

El calor ayuda a relajar y descontracturar la musculatura y puede también ser de utilidad en las inflamaciones no traumáticas de las articulaciones. Además, será de gran utilidad para estimular la maduración y el drenaje de los procesos supurativos.

Igual que el frío, puede aplicarse en forma de calor húmedo, en paños calientes, o en forma de calor seco usando bolsas o botellas de agua caliente. El periodo de tiempo de aplicación puede ser el mismo que con el frío e igualmente tendremos cuidado de no lesionar al aplicar un calor excesivo directamente sobre la piel.

Medicamentos homeopáticos útiles en la modulación de los procesos inflamatorios.

He usado la palabra modulación con toda la intención pues una de las características que definen la acción de la Homeopatía es su capacidad de regular sin suprimir los procesos del organismo que tengan un fin curativo, como es el caso de la inflamación. Así, los medicamentos homeopáticos ayudarán al organismo a que la intensidad de la inflamación sea la adecuada, suavizando el proceso pero sin suprimir.

Además, como siempre, podremos usar los medicamentos homeopáticos en cualquier persona, incluso en bebés, en mujeres embarazadas, en personas polimedicadas y en personas con problemas renales o hepáticos. Y podremos combinar la Homeopatía con cualquier otro medicamento (otros antiinflamatorios, analgésicos o, por ejemplo, un antibiótico en caso de procesos supurativos o abscesos) o acto médico que consideremos necesario.

En este sentido de la combinación de actos médicos, me resulta especialmente interesante y satisfactorio, en mi experiencia, utilizar siempre los medicamentos homeopáticos en la recuperación de las cirugías. El manejo del dolor, la resolución de heridas y la prevención de complicaciones son los tres objetivos básicos que buscamos.

Teniendo en cuenta que la inflamación, de una u otra manera, es un proceso presente en la mayoría de las dolencias y enfermedades, es comprensible que en Homeopatía contemos con un gran número de medicamentos que actúan modulando. Cada medicamento homeopático actuará sobre un proceso inflamatorio en particular, teniendo en cuenta su localización y sus características individuales.

Vamos a ver algunos ejemplos de diferentes medicamentos homeopáticos relacionándolos con las situaciones clínicas concretas en los que los usamos habitualmente. Por supuesto, el médico experto en Homeopatía ha de valorar qué medicamento o medicamentos serán los más adecuados en cada caso, así como la frecuencia más ajustada en cada situación, que puede variar de entre una o dos veces al día hasta una toma del medicamento cada cinco o diez minutos. Todo ello espero que os dé una visión panorámica de la profunda versatilidad de la terapéutica homeopática.

Medicamentos homeopáticos para:

  • Inflamaciones traumáticas: ARNICA, RUTA, BELLIS PERENNIS, BRYONIA, APIS, HAMAMELIS, SYMPHYTUM.
  • Inflamaciones con herida: ARNICA, CALENDULA, STAPHYSAGRIA, LEDUM PALUSTRE, HYPERICUM.
  • Inflamaciones acompañadas de hematomas: ARNICA, LEDUM PALUSTRE, HAMAMELIS.
  • Inflamaciones muy dolorosas: ARNICA, BRYONIA, CHAMOMILLA, HEPAR SULFUR, LACHESIS.
  • Inflamaciones con absceso o supuración: HEPAR SULFUR, SILICEA, MERCURIUS SOLUBILIS, PYROGENIUM, ARSENICUM ALBUM, FLUORICUM ACIDUM.
  • Inflamaciones que mejoran con reposo: ARNICA, BRYONIA, LEDUM PALUSTRE.
  • Inflamaciones que mejoran con el movimiento: RHUS TOXICODENDRON, RUTA.
  • Inflamaciones que mejoran con frío: BELLADONNA, APIS, SULFUR, LEDUM PALUSTRE.
  • Inflamaciones que mejoran con el calor:  ARSENICUM ALBUM, RHUS TOXICODENDRON, COLOCYNTHIS, HEPAR SULFUR.
  • Inflamaciones con presencia de edema importante o derrames: APIS, BRYONIA, URTICA URENS.
  • Inflamaciones con predominio del calor y la congestión: BELLADONNA, SULFUR, HEPAR SULFUR, ACONITUM.
  • Inflamaciones con necrosis de tejidos circundantes: ARSENICUM ALBUM, SECALE CORNUTUM, CARBO VEGETABILIS, CARBO ANIMALIS, LACHESIS.
  • Inflamaciones asociadas a fibrosis: CALCAREA FLUORICA, CAUSTICUM, TUBERCULINUM RESIDUUM, RADIUM BROMATUM

Además, algunos medicamentos homeopáticos están especialmente indicados para las inflamaciones que puedan aparecer en localizaciones, órganos o tejidos concretos:

  • Hombros: FERRUM METALLICUM, FERRUM PHOSPHORICUM, SANGUINARIA.
  • Cervicales: ACTEA RACEMOSA, LACHNANTES.
  • Ojos: LEDUM PALUSTRE, HAMAMELIS.
  • Hueso: SYMPHYTUM, CALCAREA PHOSPHORICA, RUTA.
  • Músculos. ARNICA.
  • Tendones y ligamentos: RUTA, RHUS TOXICODENDRON.
  • Grandes órganos (hígado, riñones, corazón, pulmones): ARSENICUM ALBUM, PHOSPHORUS, LYCOPODIUM.
  • Mano y muñeca: ACTEA SPICATA, POLIGONUM AVICULARE, CAULOPHYLLUM, VIOLA ODORATA.
  • Coxis: BELLIS PERENNIS, HYPERICUM, KALIUM BICHROMICUM.

Por ejemplo, teniendo en cuenta todo ello, a una persona que sufre un esguince de tobillo con gran hinchazón y dolor a la palpación y al más mínimo movimiento y que, además, presenta toda la zona amoratada, podríamos aconsejarle la toma de ARNICA, BRYONIA y RUTA.

En una picadura de un insecto que presenta una zona abultada, más edematosa que caliente, con sensación de picor y de pinchazos que mejoran claramente con el frío, sin dudarlo recomendaremos APIS.

Pero si la zona inflamada está abultada, roja y muy dolorosa a la palpación y, además, sospechamos que pueda infectarse o estar ya infectada y acabar supurando, podremos recomendar HEPAR SULFUR y PYROGENIUM. Por supuesto que podremos asociar un antibiótico si lo considerábamos necesario pero lo cierto es que en muchas ocasiones los medicamentos homeopáticos bastan para ayudar al organismo a que resuelva la situación.

Espero de todo corazón que este post os haya sido de alguna utilidad y será una alegría recibir todo lo que queráis compartir o consultar en la sección de comentarios.

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4 Comments

  1. Avatar sol ruiz el 19 septiembre, 2023 a las 2:09 pm

    Querido Guillermo, gracias infinitas por esa vocación y esa conciencia, por ese alma y esa luz. No hay palabras que puedan expresar por completo el agradecimiento que produce una medicina que ante todo se ocupa de que el ser humano, para curarse, se conozca a sí mismo sin hacerse daño, sino aprendiendo y descubriendo la verdadera salud a través de la propia enfermedad como tratamiento completísimo. O sea, homeopáticamente.
    Muchas gracias por compartir y ayudar con tanto amor.
    Un gran abrazo!

    • Avatar Guillermo Basauri el 29 septiembre, 2023 a las 4:43 pm

      Muchas gracias a ti Sol por tu apoyo y tu aliento.

      Otro gran abrazo para ti.

  2. Avatar Juanela el 20 septiembre, 2023 a las 2:20 pm

    Gracias infinitas por este artículo tan tan completo sobre la inflamación.
    Tomaré buena nota de todo ello.

    Un cordial saludo.
    Juanela

    • Avatar Guillermo Basauri el 29 septiembre, 2023 a las 4:42 pm

      Hola Juanela.

      Celebro mucho que te haya gustado y muchísimas gracias por tu amable comentario.

      Otro cordial saludo con mis mejores deseos.

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