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¿Los antidepresivos ya no funcionan?

por el Dr. Gonzalo Fernández Quiroga


¿Durante cuánto tiempo nos han dicho que la causa de la depresión era porque nos faltaba algo en el cerebro? Un desequilibrio en las sustancias químicas cerebrales.

Y lo que había que hacer era tomar esa sustancia, o sea, un antidepresivo.

En este post vamos a ver cómo esta idea ha sido, de nuevo, muy severamente cuestionada hace pocos meses. Un importante estudio (ya existían otros) que pone en entredicho, también, el papel de los así llamados antidepresivos.

 

Frecuencia de la depresión

Hacia los años 60 del siglo pasado no se entendía la depresión tal como ahora. No era un problema muy prevalente ni la medicina se ocupaba demasiado de ello. Fue hacia los años 80 cuando la depresión “aumentó” de forma geométrica y se convirtió en un problema de primer orden.

Según la OMS, la depresión afecta, ahora, a más de 280 millones de personas en el mundo, con más de 70.000 suicidios anuales  (la cuarta causa de muerte más frecuente en el grupo de edad de 15 a 29 años).

¿Cómo se descubrieron los antidepresivos?

Como en tantas otras ocasiones en medicina, los antidepresivos se descubrieron con un cierto componente de suerte. Buscando una cosa encuentras otra.

En este caso en concreto, en el año 1952, se vio un efecto estimulante en enfermos tuberculosos con el uso de iproniacida. Y a raíz de ahí empezó a probarse en  paciente deprimidos.

Hay que resaltar, pues, que nunca se supo de manera exacta cómo funcionaban los  antidepresivos en los deprimidos. Más que nada, había hipótesis.

Fue hacia los años 90, con la llegada de los ISRS (inhibidores selectivos de recaptación de serotonina), que se popularizó la idea de que era la falta de serotonina (o noradrenalina) la causa subyacente de la depresión. El Prozac (fluoxetina), uno de estos medicamentos, se hizo muy famoso y era raro el día que no aparecía en los medios.

Todo era sencillo. Si tenemos fármacos que aumentan la presencia de esos neurotransmisores que faltan en el cerebro, asunto arreglado.

Un “asunto” que, en su vertiente económica, factura, a día de hoy, una cifra cercana a los ¡16.000 millones de dólares!.

Enfermedades mongering- invención de enfermedades

En el lanzamiento de estos fármacos se siguieron técnicas similares a las que la industria farmacéutica acostumbra a realizar en la promoción de productos para enfermedades “inventadas” (disease-mongering). Técnicas que ya expliqué exhaustivamente en este post. Y vuelvo a insistir que la industria no es ningún monstruo malévolo. No, nada de esto sería posible si no contase con la colaboración de médicos, sanitarios, medios de comunicación y ¡oh, sorpresa!, el público, los propios pacientes. Recomiendo la lectura del post para no repetirme.

No es que la depresión no exista, que sea una invención, pero, en todo caso, es una afección compleja y multifactorial que, casi nunca se arregla solo con una pastilla. A pesar de que a esa pastilla se la envuelva de ese gran hallazgo léxico, fruto de un excelente marketing, como es lo de antidepresivo.

Sea como fuere, la mayoría de la población, incluida la medicosanitaria, quedó convencida, en aquellos años, de la teoría del desequilibrio químico, o sea, que la bajada de serotonina, que podía, además, ser corregida, era la causa de la depresión.

¿Qué decían los estudios sobre depresión y antidepresivos?

Siempre hubo científicos en contra de ese modelo puramente biologicista. Incluso,  a nivel teórico, se comprobaba que la depresión era multifactorial y, muchas veces, lo que la persona necesita no es una pastilla sino un trabajo o unas mejores condiciones de vida.

Al respecto puede leerse este artículo donde se menciona autores como Irving Kirsch o Robert Whitaker. O el libro de Peter Gotzsche “Psicofármacos que matan…” 

También hubo estudios (metaanálisis y revisiones) en 2008, 2010, 2017 que indicaban que los beneficios de los antidepresivos no iban mucho más allá del placebo en la mayoría de depresiones. Sin embargo, como suele suceder cuando una idea está firmemente asentada, estos estudios no tuvieron demasiado eco en el campo médico y los antidepresivos siguieron recetándose con profusión.

¿Qué dice el estudio reciente sobre depresión y antidepresivos?

Se ha publicado un sólido estudio que cuestiona todo esto. La Dra. Moncrieff es profesora de la University College of Londres y ha trabajado durante más de 30 años en el Servicio Nacional de Salud inglés (NHS) como psiquiatra. Ella y otros 5 profesionales son los autores de una revisión sistemática, o sea, un especie de estudio de muchos estudios, sobre la hipótesis serotoninérgica de la depresión.

Este estudió revisó las evidencias de todas las principales áreas de investigación sobre serotonina y depresión. Y lo que halló fue que ninguna de estas investigaciones mostraba evidencia convincente de que la depresión sea causada por los niveles de serotonina.

Entre otras cosas concluye que:

  • No hay diferencia en los niveles de serotonina entre personas con o sin depresión.
  • Reducir los niveles de serotonina disminuyendo de la dieta los aminoácidos necesarios para su síntesis no causaba depresión en personas sanas.
  • No se hallaron diferencias  genéticas entre personas con o sin depresión

Entonces ¿cómo actuarían los antidepresivos?

La Dra. Moncrieff cree que los ISRS cambiarían nuestra química cerebral, “adormeciendo” nuestras emociones, haciendo que estas sean menos intensas.

Si tú tomas un medicamento que adormece las emociones podrías notar un cierto alivio a corto plazo pero, a largo plazo, además de no “curar” nada, pueden ser contraproducentes y producir efectos secundarios importantes como

  • dependencia física
  • síndrome de abstinencia
  • disminución deseo sexual
  • daños hepáticos
  • daños cardiovasculares
  • cefaleas, mareos
  • náuseas y vómitos
  • diarreas y/o estreñimiento
  • trastornos del sueño 
  • aumento de peso

y un largo etcétera. Pero, más aún, tal como menciona la Dra. Moncrieff en su blog, (y esto me parece lo más importante) impiden que las personas encuentren otra manera mejor de afrontar y manejar sus emociones y problemas.

Porque los desencadenantes de la depresión suelen ser múltiples: desde problemas familiares o de pareja, a una situación de desempleo, frustración, duelo, ruptura amorosa o divorcio, etc.

Y lo que hacen los antidepresivos, más en los problemas de tipo socioeconómico, es colaborar con el sistema (sea lo que sea que queramos entender con esta palabra) para que las personas sigan siendo productivas en sus trabajos, en las fábricas y oficinas, que sean obedientes y sigan las normas, y que tengan menor sentido crítico y de protesta en situaciones sociolaborales injustas.

Personas más fáciles de manipular, en una palabra.

Algo que el  movimiento antipsiquiátrico de los años 60 del pasado siglo ya denunció de forma acertada.

El futuro ya está aquí

Esto no es ninguna distopía futurista. Este futuro ya está aquí. Y la epidemia de opioides y otros analgésicos, de ansiolíticos, de antidepresivos, la epidemia de exceso de medicamentos de las que los médicos (y los pacientes) no somos inocentes, está contribuyendo a ello.

Eso, y la nefasta educación sanitaria que se da a la población.

Un futuro que ya hemos visto con el Covid y todo lo que lo ha rodeado.

Pregunta final

En otros post hemos abogado por otra formas de abordar la ansiedad y la depresión. Una forma mas integral que comprende el ejercicio físico adaptado a las condiciones de cada uno, la dieta, técnicas cuerpo mente, psicoterapia y, en nuestro campo, medicamentos homeopáticos por su eficiencia y porque no tienen ninguno de los inconvenientes de los antidepresivos.

Esta revisión sistemática sobre los antidepresivos parece ser muy sólida y robusta.

¿Supondrá eso que el tratamiento con antidepresivos se verá reducido a rangos y casos muy concretos y específicos? ¿O será un estudio más y seguiremos, como en tantos otros casos, haciendo caso omiso a los datos que la propia ciencia indica porque ciencia es solo lo que el sistema ortodoxo (sea lo que sea que queramos entender con esta palabra) dice que es?.

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