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Un artículo “personal” del Congreso de Homeopatía de Querétaro* 

Lowry (novelista y poeta) 

-Mezcal –dijo el Cónsul 

Uno también tiene sus pequeñas (o grandes) mitologías. Para mi, una de ellas, sería dirigirte a la cantina El farolito de Quauhnáhuac (Cuernavaca) echando un vistazo, antes, al horizonte, donde se distinguiría la majestuosa belleza del Popocatépetl y del Iztaccíhuatl y, con ese fuego interior de los volcanes, irte hacia la barra y pedir con aire cansino y melancólico 

-mezcal  

Y añadir, solo para mi, mentalmente, para que no me consideren un tarado: -dijo el Cónsul 

Y, entonces, beber y beber mezcal para revivir, entre trago y trago, la autodestrucción de un hombre, el Cónsul, bajando despacito a los infiernos de la culpa y el arrepentimiento, de la vida que dejó escapar, quizás recordar de ella sus labios de Catrina que me irían quemando el esófago como lo hace este líquido con sabor a soledad y a desierto, mirar a los ojos del vacío una vez más, contemplar la sangre, la guerra, la angustia y el dolor, la vida que ya no volverá, quizás pronunciar en silencio su nombre de Catrina, sus ojos, mientras te dejas engullir por algún tipo de muerte en el día de los muertos. 

Y, aún así, medio muerto, volver a decir   

Mezcal -dijo el Cónsul 

Bueno, la verdad es que lo más cerca que estuve de revivir mi mitología de Bajo el volcán de Malcolm Lowry, fue pedirle al Dr. Matus (¡el ya mítico Dr. Matus!), en una fraternal comida con él y el Dr. Basauri, que me dejase probar su mezcal, enterarme bien de dónde provenía, cómo se elaboraba, cuántos tipos diferentes había para, al final, pedir uno, saborearlo y retener ese gusto indefinible, terroso, desértico, no sé si metálico, pero no tan fuerte como había imaginado e irlo apurando poco a poco.  

Esa fue toda la mítica.  

Bueno, esa y que en verdad vimos una catrina aunque no era el Día de los Muertos.

Juan Rulfo (novelista) 

Después se me vino Rulfo, el gran Rulfo y Comala. Claro que ese pueblo ya no está en ningún sitio pero uno puede fantasear que por ahí vagan los espíritus igual como lo hacen el Día de los Muertos. 

Rulfo ya no escribió más. Unos cuentitos y esa novela. Él dijo que no escribió más porque se le murió su tío Celerino que era quien le contaba las historias. Eso siempre me hizo gracia. Uno de los mayores escritores en español, que se le murió el tío abuelo y se le acabaron las historias. 

Seguro que no es cierto pero yo me lo creo. Y, también, me digo, que para qué quería escribir más si ya lo había dicho todo. Todo está ahí, en esa novelita de poco más de 120 páginas: el amor obsesivo, destructivo, la ternura, los fantasmas, la culpa, el poder, el poder absoluto, el abuso, la soledad, el abandono y la muerte, sobre todo la muerte y los muertos, con esa economía de lenguaje y esas palabras tan precisas y bellas como flechas envenenadas. 

Octavio Paz (poeta, Nobel 1990) 

Y, finalmente, se me vino Octavio Paz. Paz y sus poemas, cualesquiera, pero, sobre todo, esa catarata inagotable que debió de escribir poseído por algún tipo de mezcal o de droga alucinógena (porque si no, no se entiende) como es Piedra de sol. ¿Cómo alguien puede escribir un poema río (no soy muy devoto de ellos) que no decae en ningún momento? Es como una sinfonía que llega al clímax y que esperas, entonces, que empiece a bajar, al menos, un poco, pero no, no lo hace, sigue y sigue allá arriba sin tomarse un respiro, en una borrachera de palabras, música e imágenes a cada cual más bella y sorprendente, en movimientos circulares como hacen las aves en lo alto del cielo.  

voy por tus ojos como por el agua, 

los tigres beben sueño de esos ojos, 

 el colibrí se quema en esas llamas, 

 voy por tu frente como por la luna, 

 como una nube por tu pensamiento, 

 voy por tu vientre como por tus sueños… 

Querétaro 

También ví a Frida Kahlo, a Diego Rivera, a Fuentes, a Sor Juana Inés de la Cruz, a Carlos Castaneda y el chamán Don Juan Matus (vaya, otro Matus) y el dios de la lluvia que llora sobre México… Eso fue lo que ví, eso fue lo que me vino a la cabeza poco después que Guillermo me dijera si quería participar en un Congreso de Homeopatía en México.  

Y después estaba Querétaro, que siempre me pareció una palabra tan bonita, por su sonoridad, su evocación exótica. Recordé algo sobre ese nombre y, efectivamente, mi impresión era cierta. Como escribí en un post reciente, el Instituto Cervantes eligió Querétaro como la palabra más bonita en español en 2011. Y no me extraña. 

En Querétaro pudimos recorrer, Guillermo y yo, su hermoso centro histórico, sus cafés, sus iglesias, sus negocios, sus umbrales floreados, a cada cual más original y colorido. Incluso pudimos dar una vuelta, solos, en uno de esos coches antiguos, diligencias. Y, además, nuestro conductor, Gustavo, exmaestro de la escuela pública, historiador, nos fue explicando, en una radiante mañana de sol, la historia de cada piedra, de cada monumento, de cada museo, de cada esquina de ese precioso casco histórico.

El congreso 

Del alto nivel científico ya he comentado, también, en ese post. Pero el nivel humano no le fue a la zaga en absoluto. Hubo tiempo para todo, para escuchar ponencias, discutirlas, discrepar si es menester, como en todos los congresos, pero también para reuniones amistosas, cenas, música, charlas, and last but not least, los “camastros de la alberca” (tumbonas de la piscina como decimos en España) :). ¡Qué bonitas son las lenguas! 

Por otro lado, en el curso precongreso que impartimos, Guillermo y yo, sobre eso que tanto nos apasiona como es la comunicación en sus distintos aspectos, hasta hubo momentos en que pudimos sobreelevarnos un poco más allá de lo puramente académico que es, también, lo que más nos gusta.   

Y como el sueño lo tenia un poco trastocado, cada mañana veía, cansado, el amanecer sobre la famosa alberca del hotel, cómo los primeros tímidos haces de luz se iban colando por entre los árboles y las terrazas del edificio.  

Y ahí, en una especie de duermevela con efluvios imaginarios de mezcal, me dio tiempo para pensar en mi y en mis mitologías, en el Cónsul, en Susanita de Pedro Páramo, en cada uno de los rincones escondidos de las sílabas y letras de Querétaro, en el tiempo circular de la piedra de sol, ese calendario azteca perpetuo que hace que todo gire y se repita, gire y se repita, pero quizá, cada vez, en otra espiral más amplia, quizá con otra luminosidad, otra conciencia, otra conciencia más amplia y otra luminosidad para todos, para todo el mundo, 

también para ti, Cónsul, 

también para vosotros, colegas, congresistas, amigos de la organización del congreso, Guillermo, amigo en el corazón, lectores, médicos homeópatas que, el fondo, no buscamos sino un mundo más consciente y armónico, más amable, médicos homeópatas que, desde un lugar desconocido donde vienen las cosas, los aconteceres, permitisteis que todo esto sucediera y que lo hiciera, además, con tanta afabilidad, afecto y cariño. 

Una espiral más amplia de luz para todos vosotros. 

El artículo 

 -Gonzalo, Guillermo, el artículo del congreso que no sea tanto científico, por favor, hagan algo más personal, muy personal –nos dijo Fernando, el editor de la revista. 

Órale, jefe, a la orden, contesté sin convicción, haciéndome un poco el gracioso para disimular.   

* Publicado en la revista La Homeopatía de México, pp. 43-45no. 744/ enero-marzo 2026 

4 Comments

  1. Avatar Nieves López el 13 marzo, 2026 a las 10:10 pm

    Gonzalo, impresionante artículo.!!!
    Precioso recorrido que me ha hecho vibrar el alma.
    Muchísimas gracias.
    Un abrazo enorme.

    • Avatar Gonzalo Fernández el 27 marzo, 2026 a las 6:15 pm

      Me alegro Nieves, compañera
      Un fuerte abrazo!
      Gonzalo

  2. Avatar sol ruiz el 16 marzo, 2026 a las 2:12 pm

    Maravilloso, querido Gonzalo. No hay palabras que alcancen a traducir las ondas del SER indefinible pero totalmente experimentable , del que todos y todas, somos gotas en su/nuestro Océano Infinito.
    Muchísimas gracias por compartir integrando e integrar compartiendo.
    Un abrazo enorme.

    • Avatar Gonzalo Fernández el 27 marzo, 2026 a las 6:16 pm

      Muchas gracias, Sol, por tu comentario
      Un gran abrazo!

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