Papel de lluvia. El libro de José Ignacio
Nuestro amigo y compañero de blog, el Dr. José Ignacio Torres, ha publicado recientemente un libro titulado “Papel de lluvia” y no puedo por menos que hacer una reseña en este post.
El autor
Seguro que ya todos conocemos a José Ignacio, médico de familia, la profesión más bonita del mundo, como él la define.
Los que no lo conozcáis podéis leer su perfil en el epígrafe “Autores” del blog. De ahí sabemos que es un médico que escucha, respeta, que entiende la medicina como algo de ciencia pero con mucho de arte, volcado en sus pacientes, apasionado de la cultura y la belleza y con secretas (o no tanto) aficiones como el fútbol, el chocolate o Mozart o los Beatles (esto último os lo digo yo aunque él tampoco lo oculta).
El libro
“Papel de lluvia” es un compendio de historias a cada cual más emocionante en las que José Ignacio ha participado, iba a decir protagonizado, pero me corrijo ya que los protagonistas son los pacientes. Él, el médico, más bien asiste, con sorpresa, con tristeza, alegría, con reflexiones o preguntas, pero siempre con ternura, y compasividad a todas esas historias de vida de sus pacientes, los verdaderos protagonistas.
Cada historia empieza con una letra, ordenadas por orden alfabético. Así leemos la “a” de abatimiento o de alegría, la “d” de divorcio o de dolor, la “s” de serenidad o de soledad, la “v” de violencia o de vínculo. Ese será el tema de la historia, el que le da forma.
A veces la historia sucede en la consulta, a veces en la casa del paciente (una de las mejores formas de conocerlos de verdad), a veces reflexionando por la calle.
El inicio de la historia, por tanto, siempre es el mismo. De dónde viene y cuál es el significado de la palabra-tema como dolor, abatimiento, alegría, vínculo…
Para los que nos gustan y disfrutamos con las palabras, esa introducción me parece un gran acierto, porque indagar en la etimología y significados de la palabra le va a dar ya el tono a la historia. Por ejemplo, yo ya sabía que angustia venía de angustus, estrecho, cerrado, igual que la estrechez y ahogo que sienten las personas que la padecen, pero ignoraba que apego viene de pez, esa sustancia pegajosa utilizada para unir las cosas o amor de amma, madre.
Cada historia acaba, también, con un foto en blanco y negro cuyo tema se relaciona con el texto. O sea, que tenemos primero la palabra y, después, la imagen para redondear el círculo. Las fotos son del propio José Ignacio, en una muestra más de su sensibilidad y experiencias viajeras.
Las historias en sí son cortas, sencillas, muy representativas de la sociedad actual y de los que los médicos vemos en consulta en atención primaria. Pacientes a los que el Dr. Torrres siempre escucha con atención y prescribe medicamentos cuando son necesarios (muchas veces su trabajo es precisamente lo contrario, quitar medicamentos) y en las que siempre está presenta sus otras recetas de compasividad, ternura, humanismo y comprensión.
El medico que es José Ignacio, es aquel que te conoce, que sabe de tus filias y tus fobias, que no te juzga, que está allí cuando lo necesitas, que va a tu casa y comparte tu café y tus angustias, que siempre tiene una palabra de consuelo y esperanza. Te acompaña en tu vivir, eso que técnicamente denominamos longitudinalidad y que, cada vez más, con la tecnificación y otras moderneces se va arrinconando poco a poco hasta querer hacer de la medicina un procedimiento rutinario y mecánico que, seguramente en un futuro no tan lejano, podrían hacer las máquinas perfectamente.
Muchas de las historias acaban bien, otras no tanto aunque aquí habría que definir qué es bien y qué es no tanto. En realidad, es como la vida misma. Fluye la vida y eso lleva aparejado alegrías, dolor, soledad, muerte, amor. En algunos otros textos nos quedamos con las ganas de saber más, qué pasó después de que tal paciente inició la terapia o qué fue de tal otro cuando entendió que tenía cambiar su actitud. El médico hace lo que puede en medio de tantos factores de todo tipo que no puede controlar (socioeconómicos, familiares, etc.) por no nombrar a aquellos en manos del destino, del azar y la necesidad. Aunque, eso sí, siempre utiliza su mejor saber, su mejor consejo, su compañía y su mirada tierna y comprensiva..
En lo que a este blog respecta, en todo el libro no aparece la palabra homeopatía. No hace falta. La sospechamos a veces en tal o cual tratamiento y estamos seguros de que en más de una historia un medicamento homeopático ha participado en el trtamiento. Pero también la vemos siempre en la actitud del médico que entiende al paciente en su globalidad y tiene en cuenta sus antecedentes personales y familiares y sus circunstancias no solo físicas sino emocionales y vitales.
Y si no fuera así, tampoco nos importa porque la vida que destilan estas paginas, la empatía, la generosidad, van más allá de cualquier técnica o método terapéutico. Y es que hay un momento en que el medicamento es el médico, o está muy cerca de ello. “Esa droga llamada doctor”, que decía el psicoanalista M. Balint.
No se me olvidan las entradillas a cada capítulo, con frases o poemas que, también, dan el tono al relato de cada historia y son muestra, de la amplia y diversa erudición y cultura de José Ignacio que sus lectores conocemos bien.
Para acabar, diré que el libro es ameno y fácil de leer. Gustará a los médicos y sanitarios pero también a los pacientes, que se verá allí representados. Y pacientes, de una manera u otra, somos todos.
“Papel de lluvia” va transcurriendo lento y delicado como lo hace la misma lluvia fina que nos va calando casi sin darnos cuenta. Son historias sentidas y emotivas que nos tocan.
Y es que, al final, las personas somos seres narrativos, contamos y escuchamos historias desde la época de las cavernas y eso, amigos, no va a cambiar porque es uno de los aspectos que nos define como humanos.
Torres, J. I. (2024). Papel de lluvia. Mascarón de Proa.
O en libro electrónico/ebook:
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Muchísimas gracias, amigo y maestro, Gonzalo, por este regalo, que es descubrir el libro de José Ignacio. Hoy mismo iré buscarlo por las librerías valencianas. No tengo la menor duda de que es una fuente de luz, de alma, de inteligencia práctica, de ciencia y de consciencia. Pues la ciencia sin la consciencia es un verdadero peligro más que la fuente de soluciones sanas y reparadoras que nuestra especie, la naturaleza y el planeta necesitan para seguir avanzando y evolucionando, en vez de involucionar “científicamente”, marcha atrás, siendo analfabetos totales en la energía y los cuidados que nos hacen posibles y nos mantienen vivos de verdad y no sólo en apariencia mecánica…
Feliz solsticio de invierno para todos y todas. Porque la navidad no es una juerga anual que se celebra haciendo todo lo contrario de lo que se debería hacer para ser felices de verdad, y no en plan repetición de unas fiestas romanas del viejo imperio fósil -pero que ahí sigue en el mismo plan-, sino un imprescindible nacimiento diario a la vida infinita y a la luz consciente que nos hace posibles, si ya vamos despertando y dando la vuelta a la tortilla, por supuesto!
Muchas gracias por todo, querido Gonzalo. Y un abrazo enorme.
Gracias a ti, Sol, y Feliz Año!
Ya verás como el libro fe José Ignacio te gustará
un abrazo!
Solo tengo palabras de agradecimiento por la lectura y el comentario sobre este libro.
Comentario, que llega directamente al alma de la razón de sentirlo, pensarlo y escribirlo.
Esos, fueron los pilares en los que soportan el texto.
Y también, el amor profundo a la profesión más hermosa del mundo, junto con la necesidad de corresponder de alguna manera, a las enseñanzas y el afecto que recibo cada día de mis pacientes.
Es difícil captar el mensaje con más acierto.
Por eso, querido Gonzalo, te vuelvo a dar las gracias por leerlo, sentirlo y compartirlo con todos.
abrazos