Después de mucho leer, y mucho pensar, creo que hemos vivido, y seguimos viviendo después de tres siglos, en la edad de la T.  

Han sido y son enfermedades que empiezan con la letra T las verdaderas epidemias sobre las que voy a reflexionar

La señorita Eulalia tenía siempre el balcón abierto porque estaba tuberculosa, y tenía que ventilar la habitación y dormir con la ventana abierta hasta en pleno invierno.

José Jiménez Lozano 

La primera T corresponde al siglo XIX, sin duda, la época de la tuberculosis. La enfermedad se llevó a muchas grandes almas, y muchas otras que fueron o pudieron ser lo más importante en las vidas de aquellos que amaron y les amaron.  

Llegó a ser una enfermedad romántica, relacionada con la vida bohemia y un cierto aire espiritual, pero lo cierto es que personajes decimonónicos como las hermanas Brontë, Antón Chéjov, Frédéric Chopin, María Malibrán, John Keats, Alfonso XII, María de las Mercedes de Orleans, y Gustavo Adolfo Bécquer, entre otros, murieron jóvenes por culpa de la tuberculosis. 

Durante siglos, la infección por el bacilo de Koch causó gran mortalidad. Es conocido el ejemplo de Simoneta Vespucci, la mujer que fue Venus en el cuadro de Botticelli, que falleció en 1476 en la plenitud de su belleza por culpa del bacilo de Koch. 

En la literatura, la ópera, y después en el cine, la tuberculosis como enfermedad estuvo presente con un gran protagonismo. Pensemos en novelas como La montaña mágicaLos miserables, o Crimen y castigo, óperas como La Traviata o La Bohème, o películas como La lucha heroica (1939) centrada en el bacteriólogo Robert Koch, y el descubrimiento del bacilo de la tuberculosis. 

Pasión de los fuertes (My Darling Clementine) de John Ford (1946), en la que Doc Holliday padece la enfermedad, o la cinta de Ken Loach, El viento que agita la cebada (The Wind that Shakes the Barley) de 2006, nos muestran el contexto histórico y social donde la tuberculosis era una enfermedad común y a menudo mortal. 

A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos. 

Leopoldo María Panero 

Si la primera T estuvo relacionada con una enfermedad infecciosa, la segunda fue fruto de dos de los pecados capitales de la humanidad: la ignorancia y la codicia. Todo estaba en venta, incluido la vida y la salud de las personas. 

Podríamos conocerla como la edad del tabaco. El consumo masivo de productos de tabaco tuvo lugar a partir de las guerras mundiales con la mecanización de su producción, generando una gran industria. 

Pero, no apareció como causa de enfermedades mortales y pérdida de años de vida hasta los años cincuenta del siglo XX, cuando se demostró su relación con el cáncer de pulmón, y posteriormente, con otros tipos de tumores malignos, enfermedades respiratorias y cardiovasculares. 

Durante décadas, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer han sido las principales causas de mortalidad en los países occidentales. Y en su origen está el tabaco. Sin tabaco, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, y muy posiblemente la mayoría de tumores malignos no existirían. 

Uno de los mejores ejemplos de la Epidemiología clínica tiene que ver precisamente con los efectos del consumo de tabaco en la salud. En 1954, Richard Doll y Austin Bradford Hill, publicaron un estudio que demostró contundentemente la relación directa entre el consumo de tabaco y el cáncer de pulmón. Este trabajo, fundamental en la medicina moderna, marcó un antes y un después en la comprensión de los riesgos del tabaquismo. 

Todos los que tenemos una edad hemos visto fumando de forma continuada en la gran pantalla a actrices como Lauren Bacall, Ava Gardner, Bette Davis o Marlene Dietrich, y actores como Robert Mitchum o el mítico Humphrey Bogart, pero pocos saben que el inspirador de Sueños de seductor murió joven de cáncer de pulmón.   

Otras víctimas conocidas del tabaco fueron Sara Montiel, Steve Mc Queen, Carmen Laforet, Nat King Cole, Albert Camus, Terenci Moix, Manuel Vázquez Montalbán, Gary Cooper o Walt Disney. Y más recientemente dos grandes escritores defensores a ultranza del derecho a fumar: Almudena Grandes y Javier Marías. 

Desde hace décadas, los profesionales sanitarios llamamos a esta enfermedad tabaquismo, y a pesar de que la poderosa industria tabaquera se haya encargado de negar la evidencia, los estudios científicos rigurosos demuestran que la nicotina crea dependencia, que el humo de tabaco contiene centenares de productos tóxico y cancerígenos que afectan al fumador y a su entorno (fumador pasivo), de manera que se ha establecido de modo contundente la relación entre el consumo de cigarrillos y las enfermedades que causan más mortalidad en las últimas décadas. 

El poder de la industria queda notoriamente reflejada en la literatura científica, y muy especialmente en el cine, en películas como El dilema (The insider) de Michael Mann (1999), una historia basada en hechos reales, en la que se muestran las malas artes de las compañías tabaqueras y la fragilidad del sistema legislativo y social americano frente a ellas; o Gracias por fumar (Thank You For Smoking) de Jason Reitman (2005), basada en el libro de Christopher Buckley, en la que un jefe de prensa de una gran compañía tabaquera, dedica su vida a defender los derechos de los fumadores contra grupos de defensa de la salud y la sociedad puritana en general mientras comienza a pensar en la imagen que está dando a su hijo pequeño. 

Es en tiempos de aburrimiento que debemos decidir 

-más que ninguna otra vez- a quién adoramos.

 ….. 

Y sobre todo a ti 

al scroll infinito del móvil, 

texto sagrado nuestro texto de textos texto total, 

….. 

al entero mundo contenido tras la pantalla 

deslizándose en nuestras manos sin fin. 

Lola Tórtola 

En esta tercera T, el poder del dinero es si cabe, aún más manifiesto. La epidemia, se llama teléfono móvil.  

Aunque parezca extraño, aparte de su clara relación con los accidentes de tráfico, en las últimas décadas el empleo del Smartphone tiene mucho que ver con el aumento de problemas de ansiedad, depresión, autolesiones y suicidios, especialmente entre los adolescentes y jóvenes. Las redes sociales han contribuido a la privación social, la falta de sueño, la fragmentación de la atención y las adicciones. 

Hemos comenzado a vivir en un lugar virtual la mayor parte de nuestro tiempo de modo que la vida ha dejado de ser nuestra vida real. Nadie habla en los cafés o en el metro. Todos están conectados al scroll infinito, con el dedo sin parar, fuera del presente real. Ni siquiera tienen tiempo para caminar o escuchar el canto de los pájaros… 

Muy difícil fue buscar una cura para la tuberculosis; enfermedad que volvió a ser mortal en la década de los ochenta con el SIDA. Mucho más compleja ha sido la lucha contra el tabaquismo, y el poder del dinero, a pesar de medidas  legislativas, sociales, científicas y terapéuticas. Pero, se antoja más complicado aún, el empleo saludable de las redes sociales, el teléfono móvil y la inteligencia artificial, cuyo uso actual posiblemente nos haga cada vez menos inteligentes. 

Es más fácil contar los cabellos que los sentimientos y los motivos del corazón.

San Agustín 

La cuarta T, nos amenaza, y tiene varias caras, pero su verdadero nombre es el terror; el miedo irracional vivido durante las pandemias de SIDA y de COVID-19, que sigue llenando las consultas, además de las guerras, las catástrofes naturales, y el acoso fruto de la maldad, tanto a nivel laboral, como escolar y en el entorno familiar, y el ansia de poder que genera más desigualdades. La pandemia de COVID-19 y las catástrofes naturales nos hicieron ver la capacidad de solidaridad, y la humanidad compartidas.  

Sin embargo, siguen creciendo la xenofobia y la alteridad en un código no escrito de ¡sálvese quien pueda! 

En esas estamos. No nos miramos a la cara, porque estamos atentos a algo cuyo interés es nulo, que sucede a miles de kilómetros, y que capta nuestra atención para sacarnos el poco dinero que tenemos. 

La cuestión última sería: en este contexto histórico y social ¿existe algún tratamiento homeopático para la estupidez? 

Referencias 

Brock TD. Robert Koch: A Life in Medicine and Bacteriology. Washington: ASM Press; 1999. 

Arciniegas G. El mundo de la bella Simonetta. Bogotá: Planeta; 1990. 

Doll R, Hill AB. The mortality of doctors in relation to their smoking habits: a preliminary report. Br Med J. 1954; 1(4877):1451–1455. 

Jiménez Ruiz CA, Fagerström KO. Tratado de tabaquismo. 2ª ed. Madrid: Ergon; 2007. 

https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/tabaco/ciudadania/dejarDeFumar/docs/guiaTabaco.pdf

https://dueloliterae.blogspot.com/2011/01/fumo-almudena-grandes-humo-carlos.html

https://www.filmaffinity.com/es/film453336.html

https://www.filmaffinity.com/es/film803212.html

Si te ha gustado ¡compártelo!

3 Comments

  1. Nieves López el 10 julio, 2026 a las 10:47 pm

    Cáustico decías?…impresionante el recorrido por las edades de la T, gran maestro y amigo.!!
    Muchas gracias y un fuerte abrazo.

  2. sol el 11 julio, 2026 a las 2:18 pm

    En efecto y sin duda, querido José Ignacio, de momento, y a pesar de los milenios y siglos experimentados, por nuestra humanidad no hay referencias científicas acerca de que exista algún tratamiento que remedie la estupidez teledirigida de nuestra especie. Una dolencia, que al parecer va incluida en la condición humana, unida al atasco evolutivo que provoca la discapacidad normalizada, entropedagógica, hereditaria y asumida hasta como un derecho, de colocar el ego y su autoadoración y «digno» orgullo, por encima de todo. O sea, como un ídolo intocable, por el que se invade, se odia, se lucha, se mata, se coloca en los altares y se adora divinamente, para tenerlo contento y que no castigue ni les fastidie el negocio mandándolos al infierno, cuando el infierno lo tienen en casita.

    Por esa tendencia se han ido atribuyendo a los dioses diversos, a lo largo de la historia, las mismas «virtudes» que la humanidad asume como objetivos normales y sostenibles, sólo por el hecho de que no se relaciona el SER con el vivir y el existir, desarrollando planos nuevos interiores, y al mismo tiempo unidos por el tiempo y el espacio, al origen y al destino, que nos permiten descubrir, modificar y desarrollar la conexión íntima y compartida de la vida infinita que nos hace posibles, con el camino por el que vamos experimentando la ruta del tiempo, del espacio, de la materia, de los acontecimientos -mucho más causales que casuales- y sobre todo, el descubrimiento de los manantiales interiores y sutiles que son el alma, la conciencia y la inteligencia verdadera, limpia, inocente y abierta a la luz infinita, sanamente unidas en el mapa infinito y orientador del SER, sin más.

    Esa actitud es la que aportaron a la humanidad las experiencias de Buda, Jesús de Nazaret, Mikao Usui, Francisco y Clara de Asís, Teresa de Ávila, Juan de la Luz, mucho más que «de la cruz», Pablo de Tarso, Ernesto Cardenal, Pepe Múgica, Agustín de Hipona, Inmanuel Kant o el doctor Manuel Sans Segarra y posiblemente, much@s más seres humanos, mujeres y hombres, que han podido descubrir ese estado evolutivo en lugares y formas de vida modestas, sencillas y auténticas, cuando no se es víctima voluntaria y promotores del caos, por el desconocimiento total de sí mismos, confundiendo lo que somos, con lo que parecemos y con lo que nos pasa por fuera. Y por ello, ignorando por completo el descubrimiento directo de la Supraconsciencia. Sin que las teorías culturales, sociales, ideológicas, mentales o religiosas que gobiernan el imperio del caos egopólico, se lo tengan que colocar publicitariamente como artículo de fe, como devociones y costumbres, porque nunca las ideas ni las creencias teóricas pueden alcanzar el valor ni la realidad de la experiencia real, lo mismo que un médico jamás podría ser médico completo de verdad si no ha experimentado por sí mismo la capacidad práctica de la cirugía para poder sanar a los pacientes más necesitados.

    El Espíritu que SOMOS todas y todos y de cuyo Océano Infinito somos las gotitas, es también la UCI plenamente terapéutica de la humanidad. Hay que abrir cuanto antes los ojos del Dentro y aprender a cambiar de plano evolutivo uniendo tan humana como divinamente la tierra con el cielo, el fuera con el dentro, la palabra y el silencio con la escucha y la cosecha del Amor sin fronteras, que nada tienen que ver con el supermercado de las prisas y las presas negociantas, de la locura y su mercadillo modelo I.A. Y por eso, sin más futuro que su autodestrucción in crescendo, cada vez más cercana y evidente.

    Muchas gracias, José Ignacio, por ayudar a este mundo a despertar de esa pesadilla antievolutiva que ahora se intenta convertir en el único modo disponible y fraudulento de la no/vida…

    Un abrazo, querido hermano!

  3. Guillermo Basauri el 21 julio, 2026 a las 11:39 am

    ¡¡¡ Que maravilla de post querido amigo !!!

    Preguntas si existe algún tratamiento homeopático para la estupidez. Homeopático, yo no lo conozco.
    La medicina que yo suelo utilizar para transitar mi propia estupidez, es el Amor. Una cucharada cada vez que siento cualquier síntoma de mi estupidez, que son muchos, y algo se calma en mí. En fin; y ahí vamos (jjj).

    Un abrazo enorme y gracias por tu eterno compromiso e infinita sensibilidad.

Deja un comentario





Suscríbete a Homeopatía Suma

Recibe en tu email todas las novedades de la web

Al rellenar este formulario, aceptas la política de privacidad de la ANH y nos otorgas tu consentimiento expreso, libre e inequívoco para incorporar tus datos a nuestra base de datos y enviarte noticias, links e imágenes mediante email. En cumplimiento de la ley 34/2002, de 11 de julio de Servicios de Sociedad de la Información y de Correo Electrónico (LSSI), te informamos que tu dirección de correo será incluida en un fichero automatizado, utilizado para el envío de información sobre salud y homeopatía. La ANH garantiza un uso limitado de los datos a los fines descritos, y se compromete a respetar los derechos recogidos en el Reglamento escribiendo un mail a informacion@homeopatiasuma.com.