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Fiebre en los bebés

Fiebre en Bebés y Homeopatía

La fiebre no es otra cosa que el aumento de la temperatura corporal y es una de las principales causas por la que se acude a la consulta del pediatra. En la mayoría de las ocasiones suele estar relacionada con el comienzo de algún proceso infeccioso, casi siempre banal.

La fiebre en los bebés suele ser un síntoma que produce gran preocupación a padres y madres, que rápidamente toman medidas para que descienda. Pero hay que tener en cuenta que la fiebre por sí misma pocas veces es perjudicial, pues actúa como un mecanismo fisiológico que permite al organismo defenderse mejor de las infecciones.

¿Cuándo se considera fiebre?

Por lo general los bebés suelen presentar una temperatura ligeramente superior a la de los niños más mayores y a la de los adultos, que oscila entre los 36,5 y los 37,5 ºC. En el caso de los bebés y los niños pequeños, temperaturas superiores a los 38 ⁰C ya se considera alta, pero hablaremos de fiebre a partir de los 38,5⁰C.

Por la mañana, la temperatura del ser humano suele ser más baja y conforme pasa el día va aumentando, siendo siempre más alta por la noche. A primera hora de la tarde, empieza a subir, y sigue subiendo hasta última hora de la tarde hasta que por la noche disminuye gradualmente.

A lo largo de un proceso infeccioso la fiebre puede subir y bajar y así el bebé podrá tener escalofríos cuando su temperatura corporal empiece a subir y sudar para liberar el exceso de calor, lo que contribuirá a bajar la temperatura.

¿Por qué se produce la fiebre?

El cuerpo mantiene la temperatura corporal dentro de unos límites gracias a un centro  termorregulador localizado en una parte del cerebro llamada hipotálamo. Cuando este centro, debido a distintas causas, decide aumentar la temperatura, se produce la fiebre.

Habitualmente, la aparición de la fiebre está relacionada con la estimulación del sistema inmunológico del organismo. Nuestras defensas detectan la presencia de algún germen y ante esta situación el hipotálamo aumenta la temperatura corporal para mejorar la capacidad de respuesta de nuestras defensas frente a los microorganismos .

Con la fiebre nuestras defensas trabajan mejor, en cambio los virus y las bacterias crecen y se multiplican con mayor dificultad.

Si bien las infecciones suelen ser la causa más frecuente de fiebre en los más pequeños, muchas otras situaciones pueden también dar origen al aumento de la temperatura corporal, entre otras:

  • Infecciones.
  • Trastornos inflamatorios o autoinmunitarios.
  • Medicamentos. Como algunos antibióticos, antihistamínicos y anticonvulsivos.
  • Ambiente. Escaso aporte de agua, exceso de abrigo, habitaciones demasiado caldeadas.
  • Vacunas. Algunos bebés pueden tener fiebre tras vacunarlos, especialmente en el caso de la vacuna del sarampión-rubeola-parotiditis.
  • Dentición. Nunca mayor de 38º y suele ir acompañada de otros síntomas como irritabilidad, poco apetito o diarrea.

¿Cómo medir la fiebre del bebé?

En los niños, la medición rectal es la forma más precisa y efectiva de tomar la temperatura, a pesar de no resultar muy agradable. Esta temperatura está más cerca de la verdadera temperatura interna del cuerpo del niño, aunque debemos recordar restar medio grado a la temperatura que obtengamos. La punta del termómetro debe ser untada con un lubricante. A continuación, se introduce suavemente alrededor de 1,25 a 2,5 cm en el recto mientras el niño está tumbado boca abajo sin moverse.

La temperatura del oído se toma con un dispositivo digital que mide la radiación infrarroja del tímpano. Hay que tener en cuenta que los termómetros del oído no son fiables en lactantes de menos de 3 meses de edad. Para tomar la temperatura en el oído, la sonda del termómetro se coloca en la abertura de la oreja sellándola por completo.

Para medir la temperatura oral se coloca el termómetro digital debajo de la lengua del niño durante 2 a 3 minutos. Con este sistema se proporcionan lecturas fiables, pero es difícil de tomar en los niños pequeños, ya que tienen dificultad para mantener su boca cerrada alrededor del termómetro, necesario para una lectura precisa. La edad en la que se puede tomar de forma fiable la temperatura oral varía de un niño a otro, pero habitualmente es después de los 4 años.

La temperatura en la frente se toma con un dispositivo digital que mide la radiación infrarroja de una arteria localizada en la frente, la arteria temporal. La temperatura de la frente no es tan precisa como la rectal, especialmente en los lactantes menores de 3 meses de edad.

¿Cómo bajar la fiebre?

Es muy importante entender que la fiebre no es una enfermedad sino, en la mayoría de los casos, un mecanismo que el organismo pone en marcha para defenderse mejor, por lo que el objetivo fundamental de tratarla no debe ser tanto que desaparezca como mejorar el estado general del niño para que el proceso no le resulte tan molesto e incómodo.

Para bajar la fiebre es recomendable de manera general la ingesta frecuente de líquidos, paños húmedos en la frente a temperatura ambiente, nunca demasiado fríos ni con hielo o alcohol. También son útiles los baños en agua tibia durante 15 o 20 minutos.

Entre los medicamentos convencionales más utilizados para bajar la fiebre se encuentran el paracetamol, el ibuprofeno o el metamizol. Hay que evitar en lo posible el ibuprofeno cuando el niño vomita ya que es un antiinflamatorio además de analgésico y antitérmico. El paracetamol al igual que el metamizol tiene una acción analgésica y antitérmica. Se prescriben cada 6-8 horas. No siempre son bien aceptados por los niños.

¿Tenemos que consultar siempre con el médico cuando el niño tenga fiebre? 

Ya hemos comentado que en la mayoría de las ocasiones el origen de la fiebre suele ser una infección banal que no necesitará la consulta al médico. Si el niño o bebé se hidrata bien, juega, responde a tu voz, hace contacto visual contigo y responde a tus gestos y expresiones faciales, en principio, podemos estar tranquilos. Dicho esto, por supuesto que deberemos consultar siempre que tengamos la más mínima duda.

Pero si apareciera alguna de estas circunstancias en el contexto de la fiebre de un pequeño, deberemos consultar siempre con el médico lo antes posible:

  • Signos de deshidratación como no orinar durante 8-10 horas, llorar sin lágrimas, no querer beber o la sequedad de mucosas.
  • Irritabilidad y comportamiento anormal, sobre todo si notamos al niño especialmente desanimado, decaído o somnoliento, sin respuesta a los estímulos habituales.
  • Vómitos reiterados.
  • Le cueste respirar.
  • Rigidez de cuello y nuca.
  • Dolor intenso de cabeza o de estómago.
  • Fiebre que dure más de tres días.
  • Fiebre de más de 40º.
  • Aparición de una erupción cutánea acompañando a la fiebre
  • Aparición de convulsiones febriles. Hay que consultarlo siempre con el médico pero sabiendo que no tienen nada que ver con la epilepsia y que tampoco causan daños cerebrales de ningún tipo.

En bebés menores de tres meses es recomendable consultar siempre por toda fiebre de más de 38º C por medición anal.

Medicamentos homeopáticos para bajar la fiebre

Los medicamentos homeopáticos presentan ventajas que los hacen una opción de primera intención a la hora de abordar el manejo de la fiebre en los más pequeños:

  • No suprimen la fiebre. Como ya hemos comentado, la fiebre es un aliado del organismo frente a los gérmenes por lo que el interés no está en que desaparezca sino en modularla para que sea confortable y, a la vez, pueda mantenerse un temperatura corporal que facilite la acción de nuestro sistema inmunológico.
  • Pueden administrarse a niños de cualquier edad, incluso recién nacidos.
  • Son compatibles con cualquier otro medicamento y pueden combinarse con antitérmicos convencionales o antibióticos si fuera necesario.
  • Son muy bien aceptados por los niños.
  • Son muy fáciles de administrar, pudiéndolos dar disueltos en agua en los más pequeños.

No todos los niños van a cursar con los mismos síntomas ni se van a sentir de la misma manera cada vez que hagan un cuadro febril. Esa variabilidad, esa particularidad en la manera  en la que cada niño va a hacer la fiebre, es fundamental a la hora de escoger qué medicamentos homeopáticos será el más adecuado en cada caso, pues en homeopatía la individualización del tratamiento es fundamental.

Así, algunos de los medicamentos homeopáticos más usados según las características de la fiebre de cada paciente, podrían ser:

Medicamentos homeopáticos para fiebre de aparición súbita.

  • ACONITUM. La fiebre es elevada, 39º-40º, de comienzo brusco  y suele evolucionar en picos. El niño está muy congestionado, con calor en la piel y ausencia de sudor. Destaca la agitación del niño y la sed de pequeñas cantidades de agua. La indicación se refuerza si la fiebre aparece a lo largo de la noche y se origina tras un enfriamiento brusco del paciente esa misma tarde.
  •  BELLADONA. Aquí la fiebre también es de aparición rápida. El niño tiene las mucosas secas y el cuerpo bañado en sudor. El rostro está muy congestionado y es frecuente que se acompañe de un dolor pulsátil de cabeza. Tiene sed y sensación de sequedad de boca. Le molesta mucho la luz, los ruidos y que le toquen, por lo que busca estar acostado, tranquilo y con poca luz. Muy indicado en los niños con fiebres que tienden a convulsionar.
  • APIS MELLIFICA. Fiebre muy intensa de aparición brusca y que se mantiene en meseta. Suele asociarse muy frecuentemente con dolor fuerte de cabeza y con inflamación edematosa de la garganta, conuna sensación de ardor y dolor que mejora con el frío. Es muy característico también la ausencia de sed a pesar de la fiebre alta. La piel está seca y ardiente aunque puede alternar con fases de sudoración.

Medicamentos homeopáticos para fiebre de aparición progresiva.

  • BRYONIA. La fiebre suele llegar a ser alta, 38º-40º, pero esta vez la temperatura va aumentando más lentamente. El paciente tiene una sed intensa  con sudores y sequedad de mucosas. Algo muy característico de este cuadro febril es que el niño desea estar completamente inmóvil en la cama porque el más pequeño movimiento le agrava de todas sus molestias.
  • GELSEMIUM. La fiebre de 38 – 40 ºC aparece poco apoco. El niño está sin sed, postrado, abatido, con el rostro muy rojo y con dolor de cabeza. Puede tener escalofríos, que pueden llegar a temblores, seguidos de sudores que lo alivian. También puede quejarse de dolor corporal.
  • FERRUM PHOSPHORICUM. Este quizás sea el medicamento homeopático más utilizado en fiebres poco elevadas, 37´5º-38´5º, lo que llamamos febrículas. Alterna palidez y enrojecimiento de la cara y suele estar húmeda. Es muy útil en esos cuadros aun poco definidos en donde el niño se queja de un dolor leve de garganta u oído y que puede acompañarse de una sensación de malestar general también leve. Le puede sangrar la nariz y empeora con el aire frío.
  • RHUS TOXICODENDRON. Fiebre de 38 ºC – 39 ºC. Destaca que necesita moverse constantemente para sentirse mejor. Le mejora un baño caliente y la presencia de herpes simple  refuerza su indicación.

La homeopatía amplía nuestras posibilidades de abordaje de la fiebre con medicamentos seguros, compatibles con cualquier otro tratamiento que el niño pueda necesitar y utilizando siempre los medicamentos homeopáticos que mejor se adapten a la situación clínica del niño.

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