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Consejos de un R38 para enfrentarse al examen MIR

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Por el Dr. José Ignacio Torres

Queridos colegas:

He de deciros que una de las experiencias más intensas y hermosas de mi vida fueron los años de médico interno residente en el Hospital Nacional Marqués de Valdecilla en Santander. Un gran complejo hospitalario compuesto por el edificio médico quirúrgico de los años setenta, la Residencia Cantabria destinada sobre todo a Pediatría, Ginecología y Obstetricia y los antiguos pabellones inaugurados en 1929 funcionales y bellos en aquellos tiempos.

Perviven en mí recuerdos de esa bonita ciudad plena de lluvia y anonimato para un joven llegado de Madrid con la extraña sensación de estar como de vacaciones por vivir en una ciudad con mar. Y surgen mis compañeros, los médicos adjuntos, los pacientes, las vistas desde las ventanas de aquel hospital, sus salas, las guardias llenas de aprendizaje y estrés y todas las vivencias extraordinarias en el paraíso natural que es Cantabria con sus colores, olores y sabores únicos.

El primer consejo que os daría, incluso ahora que estáis en las puertas del examen, es que una vez que os veáis con la bata de R1 viváis la medicina intensamente, como una profesión que precisa vocación y pasión cada día.

Os lo dice un R38, que después de tantos años de tarea en Centros de Salud de diferentes ciudades y con la mochila cargada de asistencia a los pacientes y de docencia como tutor y jefe de estudios se sigue considerando un aprendiz al que la experiencia le ha enseñado que al examen MIR hay que acudir con pasión, ilusión y confianza.

Tantas duras pruebas os han hecho competitivos, tenaces y feroces tanto con vosotros mismos como con los demás y en algunas de vuestras aulas habéis perdido en el transcurso de los cursos académicos capacidad empática. Sin embargo, no debéis olvidar que nunca podrán arrebataros la necesidad y el deseo de ayudar que constituyen el auténtico motor de la vida del médico.

Por todo ello, el segundo consejo que os puedo dar desde mi humilde experiencia vital es que una vez superado el examen y con él esa etapa que hemos venido a denominar miricina, dejéis de lado todos los prejuicios que habéis aprendido en las aulas y volváis a ser auténticos.

Quitaos esa capa de héroe Marvel que os han puesto, desprendeos de la arrogancia inútil y volved a sentir ese impulso que os llevó a las aulas haciendo realidad el aserto de Marañón de ser un buen médico y un médico bueno, porque sin bondad es mejor dedicarse a otras tareas en la vida.

Decía Albert Jovell, en su famoso artículo de 1999 titulado Medicina basada en la afectividad que el médico bueno te informa y te comunica, te oye, pero también te escucha, te atiende y te acompaña.

Porque ser médico de cualquier especialidad es un ejercicio continuo de respeto, humildad, empatía, comprensión y afecto. El conocimiento técnico, todas vuestras habilidades clínicas y quirúrgicas los pacientes las dan por hecho, y después de tanto estudio, no es posible acompañar, cuidar y curar sin afecto.

Y a todo ello se llega con dificultad, como todo lo importante en la vida, a través del camino de la serenidad que otorga el autoconocimiento, porque como dice el escritor Sergio del Molino es imposible reparar en el dolor ajeno si el nuestro hace ruido a todas horas.

Seguramente tendréis en la cabeza predicciones de futuro que dependen de la elección de una especialidad médica concreta y la esperanza de poder formaros y trabajar en ella en la ciudad y hospital de vuestros sueños.

Sueños quirúrgicos, clínicos, de laboratorio, radiodiagnóstico, investigación, o un compendio de todo forjados a lo largo de años y de experiencias.

Os diría, que para un médico todas las especialidades tienen puntos de interés y es fácil enamorarse de cada una de sus aristas si os dejáis seducir por la técnica, las habilidades y por los pacientes que serán vuestra razón de ser.

Con respecto al examen MIR, que es lo que ahora os ocupa y preocupa os diré que me presenté en dos ocasiones, siendo la primera un fracaso por culpa de los nervios y la segunda un éxito porque me permitió elegir la especialidad más hermosa y un lugar increíble para aprender.

Después de aquella experiencia como examinando he comprobado con el paso del tiempo que además de estudio lo más importante es la tranquilidad; sentir que sois capaces de superar la prueba y confiar en vuestros conocimientos y en los hados propicios.

La tranquilidad fue mi mejor compañía cuando terminé la residencia. Entonces, en aquel siglo XX, que parece tan lejano, nos examinábamos para obtener plaza en propiedad por todas las Comunidades Autónomas de nuestra piel de toro y de las islas de manera que sentíamos como si fuésemos protagonistas de una especie de La vuelta a la Galia de Astérix. Una experiencia visual y gastronómica y un modo de conocer la idiosincrasia de cada una de las comunidades tanto en la forma de recibirnos como en el modo en el que el examen estaba concebido.

Y en esas travesías la tranquilidad, como os digo fue mi mejor compañía. Quitar hierro y nerviosismo a cada examen y afrontar cada prueba con la confianza de que podía superarla. Y os confieso que me fue bien con esta táctica.

Me diréis que todo esto está muy bien, pero me preguntaréis qué hay que hacer con esos nervios de los días antes, de las horas antes del examen.

Se por experiencia que es difícil no estar preocupado, nervioso e incluso inquieto durante los días y las horas previas al que puede ser el examen más importante de vuestras vidas y es posible que alguno de vosotros penséis que es necesario buscar alguna ayuda.

Sabed que la principal fuerza está en vosotros mismos, en la capacidad de introspección asilándoos de todos aquellos que os envían frases estresantes e incluso de confianza excesiva.

Puede, que, a pesar de ello, algunos sintáis la necesidad de recurrir a ayudas externas. Estaréis pensando sin duda en un tranquilizante, como una benzodiazepina (que es algo que parece tomar todo el mundo en este país), una infusión de tila, valeriana o manzanilla, o mejor un betabloqueante.

Pero no podéis olvidar que el tranquilizante más que una ayuda puede ser un obstáculo que os deje dormidos en el transcurso de la prueba o dificulte la capacidad de concentración necesaria y que el uso de un betabloqueante no exento de efectos secundarios no contempla en su ficha técnica la indicación para una situación de este tipo por lo que no es aconsejable.

Una buena organización del estudio, la práctica del ejercicio físico, la meditación y el cuidado de la alimentación y del sueño pueden ser de ayuda en el control de los nervios, y en el caso de que sea necesario el empleo de alguna ayuda externa lo más eficaz, seguro y personalizado es la homeopatía.

Y os voy a explicar por qué.

Ante un examen lo que habitualmente nos condiciona, lo que pone a prueba nuestros nervios es el miedo. El miedo al fracaso, a no dar la talla, a no estar a la altura de las circunstancias y no dar el rendimiento adecuado. Todo esto es lo que conocemos como temor de anticipación.

El miedo es una emoción considerada en general negativa, pero nos ha sacado de más de un apuro desde que comenzamos a caminar en la sabana africana. Cuando aparece en nuestra vida puede provocar inquietud y precipitación como si quisiéramos huir del lugar en el que estamos o paralizarnos sintiendo bloqueo y nos quedamos en blanco sin poder reaccionar. La tercera y última acción posible ante algo que nos provoca miedo es el ataque.

La ansiedad anticipatoria que acompaña al miedo puede manifestarse también con síntomas físicos, somatizando con náuseas, diarrea, sensación de dificultad respiratoria, presión torácica o nudo en el estómago.

Cada uno de nosotros podemos sentir el miedo de modo diferente, con bloqueo, precipitación o somatización, o con una mezcla de todos ellos. Y la buena noticia es que cuando estáis ante una prueba tan difícil, si llegáis a sentir ese temor de anticipación los médicos homeópatas disponemos de un medicamento eficaz, de acción rápida y seguro para cada caso.

De modo que si la reacción ante el examen es de bloqueo y os quedáis en blanco el medicamento apropiado será Gelsemium, mientras que si os provoca precipitación e inquietud tenéis que utilizar Argentum nitricum.

Además de estos dos medicamentos, los homeópatas disponemos de una opción excelente cuando aparece la somatización de manera que recetamos con éxito Ignatia amara cuando pareciera que estamos como histéricos ante lo que se avecina.

La experiencia me ha ensañado que estos tres medicamentos son muy eficaces, seguros por la ausencia prácticamente absoluta de efectos adversos y rápidos en su efecto cuando a pesar de nuestros conocimientos y preparación necesitamos de manera puntual una ayuda externa. Así que, si os encontráis en este apuro, no dudéis en emplearlos.

Y con vuestro permiso, para terminar, me gustaría “regalaros” los 6 medicamentos esenciales que en vuestra práctica vais a necesitar y que os llenaran de satisfacciones si los poneis en práctica: tolerancia, altruismo, compromiso, responsabilidad, integridad y excelencia.

Mucha suerte a todos en este examen y en la vida. Os esperamos, porque necesitamos a personas valerosas y honestas como vosotros.

Con todo mi afecto

José Ignacio Torres, un R38.

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